TRIUNFO AMARGO DE LA DEMOCRACIA

DIEGO CARCEDO

Después de tantos atropellos como ha sufrido en los últimos meses, la democracia en Cataluña ha recuperado, por menos de momento, la normalidad perdida. El récord de participantes en las elecciones autonómicas es muy significativo. Como lo es que en una disputa política entre dos bloques, la mayor parte de los ciudadanos -más del 52%- están en contra de la independencia que otra parte de la sociedad propugna. Bien puede decirse como resumen que las elecciones se han convertido en un referéndum con un resultado muy claro pero a la vez endiablado. La parte amarga que arroja el resultado es que la mayoría clara en las urnas de los constitucionalistas no tendrá correspondencia numérica en el nuevo Parlament. El éxito democrático tiene más reflejos a la hora del análisis. Sorprende que ERC no haya llegado a disputar el liderazgo a Ciudadanos. Es la primera vez que las elecciones las ganó un partido, Ciudadanos, completamente opuesto al nacionalismo, y una líder joven, Inés Arrimadas, que además de triunfadora se confirma como la gran revelación política.

Es una pena que las injusticias que con frecuencia comete la aplicación de la Ley d'Hont en el reparto de escaños cierran a Arrimadas, ganadora en votos y en diputados, las puertas de la presidencia de la Generalitat. El descalabro del PP y los malos resultados del PSC tampoco ayudan. Los partidos independentistas suman mayoría y, aunque es previsible que por mucho que su idea compartida les una emocionalmente, llegado el momento de formar Gobierno no lo tendrán fácil. Los enfrentamientos entre JxC y ERC, patentes en las últimas semanas, han sido evidentes.

El independentismo ha perdido el gran argumento de la mayoría de los catalanes y aunque sueñen con retomar el fracasado programa del 'procés' recuperando las marrullerías parlamentarias estaría predestinado a un desastre como el que la experiencia mantiene vivo. Los trastornos ya causados a la economía podrían aumentar y las posibilidades de seguir con sus objetivos chocarán con el criterio de los más pragmáticos. La reivindicación de Puigdemont tropezará con la resistencia de los republicanos y la dificultad de volver a sumar el apoyo de la CUP doblegada por su descalabro electoral después del protagonismo y poder que venían usufructuando. Aunque las elecciones han sido modélicas desde cualquier punto de vista, claras, abiertas, tranquilas, la amarga realidad es que dejan abierto con futuro confuso que hoy mismo volverá a plantearse en su crudeza. Es el momento de encontrar una solución o revitalizar el problema. La posibilidad de alguna fórmula intermedia se vislumbra poco menos que imposible. La necesidad que se impone es dejar de lado el frentismo político y abrir un frente de diálogo y de negociación en el que se encuentre una salida en la oscuridad del túnel en que se ha convertido la crisis.

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