Todo muy triste

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Los atentados terroristas de Barcelona, una gran tragedia se mire por donde se mire, ha dejado tras de sí no sólo un montón de vidas inocentes segadas sin motivo alguno por unos descerebrados que esperaban una recompensa (sic) que nunca tendrán, sino que a la vez ha dejado muy patente el serio problema que significa para España el tema del separatismo catalán, cuyos principales artífices han llegado a extremos casi imposibles de entender. Hay muchas incógnitas de todo lo acontecido el fatídico jueves que llenó de sangre y lágrimas las Ramblas y Cambrils que no tienen aún respuesta, pero además ha vuelto a poner al descubierto, por si alguien lo dudaba, el tremendo catetismo nacionalista, emperrado en mirarse sólo su propio ombligo. Mientras en el mundo se hablaba de 'atentado en España', la palabra 'España' no salió ni una vez de la boca de los dirigentes catalanes, empezando por su presidente Puigdemont, o por el consejero de Interior, que llegó al colmo de lo absurdo al separar víctimas 'catalanas y españolas'... Igualmente, uno de los hechos más penosos de estos últimos días es que estamos asistiendo a una espectacular y triste falta de escrúpulos de no pocos dirigentes separatistas, que están utilizando sin pudor alguno la tragedia para intentar mostrar al mundo «el estado catalán» en su inmensa (sic) dimensión, y lo hacen en cada ocasión posible, que no son pocas, sin pensar en las consecuencias tan graves que esta miopía puede conllevar, porque incluso no dudan en 'jugar con las cosas de comer', si es necesario, por ejemplo enfrentando a los cuerpos de seguridad, en este caso a los Mossos de Escuadra con la Policía y la Guardia Civil.

Bolardos aparte (¡Dios, la que se hubiera liado, sin ir más lejos, si cualquier otro alcalde de este país que no tuviera el 'pedigrí' de Ada Colau hubiese hecho oídos sordos a las recomendaciones de Interior sobre colocar obstáculos en zonas peatonales muy transitadas!), en un tema como éste, en el que el terrorismo azota nuestras vidas y amenaza a nuestra sociedad, lo mínimo que se puede pedir es un mínimo de unidad y de coherencia política, porque a estos locos fanáticos que no le dan valor a la vida, ni siquiera a la propia, sólo se les podrá derrotar desde una acción solidaria y conjunta, con una respuesta contundente y seria, que no deje lugar a las dudas ni resquicios que puedan ser utilizados para sus sangrientos intereses por quienes anteponen la locura a la cordura o la muerte a la vida.

Con la duda de cómo un imán-terrorista-fanático y unos cuantos niñatos podían ocupar una casa en una urbanización y tener 120 bombonas de butanos almacenadas sin que nadie se diera cuenta; con el inmenso e irreparable dolor causado por la muerte de niños y mayores cuyo único delito era pasear un día de agosto por las calles, con el desasosiego de que puedan pasar cosas como la ocurrida en Barcelona; con todo ello, además, ahora mismo no son pocos los españoles que se preguntan cómo puede haber declaraciones como las de los dirigentes de la CUP, cómo puede haber actitudes como las que hemos vivido desde el Gobierno catalán, o cómo quieren hacernos ver desde un falso progresismo que hay cosas que están perfectamente hechas o son normales cuando ni por asomo. Ha sido todo muy triste. Está siendo todo muy triste.

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