Tres X

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Ami abuelo materno le encantaba leer La Codorniz, y siempre que tenía la oportunidad me recordaba el alarde de sutileza e inteligencia de la célebre portada, en la que un grupo de señores, que representaban a los editores de la revista -permanentemente amenazada por la censura franquista- espetaban al unísono aquello de: «Bombín es a bombón como cojín es a X, y nos importa tres X que nos secuestren la edición».

Tres X. Me quedo con esa parte. Hace falta tener muchas X para tomar decisiones que pueden no gustar, no ser entendidas, criticadas porque alteran el día a día de algunos ciudadanos. Son aquellas que no caen en el cortoplacismo habitual en esta ciudad, que marcan un legado. Hicieron falta grandes dosis de X para cerrar al tráfico la calle Larios, y antes de eso, para abrir el túnel de la Alcazaba, y para demoler el silo y la casa de la cultura. En todos los casos se ha demostrado que lo que vino detrás era mejor, una ciudad más moderna y coherente, que poco o nada tiene que ver con la del tiempo de aquellos hitos. Y ahí reside el mérito, en haber sido capaces de ver más allá, en lo que será y no en lo que es.

Ahora hay una nueva oportunidad de demostrar esa visión. Reconozco sin apuro que me encanta el sistema de desvíos que el Ayuntamiento ha planteado para evitar el paso de vehículos privados por la Alameda, inicialmente pensada para los meses que duren las obras. Esa transición desde el Parque hacia la trasera de la Marina y Heredia es natural, nada forzada, y lo mismo ocurre con el cruce desde la calle Córdoba hacia Atarazanas. Me habría encantado que a la Junta se le hubiera puesto igual de fácil cuando se diseñaron los actuales desvíos por las obras del metro, y que tardaron semanas en ser aprobadas. Pero eso forma parte de mi obsesión contra los agravios comparativos.

¿Y por qué no se puede quedar así? Los conductores han interiorizado ya que para cruzar el Centro hay que hacerlo por el paseo de los Curas y Heredia; o dar el salto por el norte, por Jaboneros y Armengual. La nueva Alameda peatonal será más noble, más sostenible para los ficus centenarios y más segura si sólo pueden pasar los autobuses, el resto de los transportes públicos, por supuesto, los residentes y los conductores que vayan a entrar o salir del aparcamiento. Pero no la avenida general de cruce que había sido hasta ahora. Se puede, vamos a echarle tres X.

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