EL TREN DEL SENTIDO COMÚN

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Hay veces que las cosas pasan casi sin darnos cuenta y luego sólo caben lamentaciones. Un buen ejemplo es el asunto del eje ferroviario del Mediterráneo, que se intenta vender por parte de 'lobbies' levantinos como «la mejor solución para todos» y la más urgente, obviado la alternativa del eje central, que tiene también grandes ventajas y supone una conexión transeuropea lógica y eficiente.

Es evidente que la idea de eje Mediterráneo, conectando Algeciras con Francia a través de Valencia y Cataluña, es buena y sería deseable que se llevase a cabo. Sin embargo, su alto coste -estimado inicialmente en 50.000 millones de euros, hace pensar en el riesgo de que ese corredor se quede en Cataluña y Valencia y deje aislada a Andalucía y, sobre todo, al puerto de Algeciras.

Frente a ello, el corredor central transeuropeo, que conectaría Algeciras, Madrid y Zaragoza, está prácticamente terminado y requeriría una inversión muy inferior. La actuación clave es la conexión Algeciras-Bobadilla, que además beneficiaría al puerto seco de Antequera, cuya ubicación estratégica puede convertirlo en uno de los centros logísticos del sur de Europa. Este eje, además, convertiría en poco tiempo a Algeciras en la puerta de entrada de mercancías de África y facilitaría futuras conexiones con Extremadura y Levante. El sentido común invita a pensar que si requiere una inversión muy inferior y si se puede ejecutar en mucho menos tiempo, el eje central sí es la mejor solución para todos.

Lo ideal es que se realicen los dos ejes, como dice la Junta de Andalucía o la Confederación de Empresarios de Andalucía, pero actualmente la tendencia del Gobierno del PP es ceder ante las presiones de Valencia y Cataluña y dejar en el cajón la opción del eje central, cuya inversión -según algunas estimaciones- puede significar menos del 10 por ciento de lo que requiere el eje del Mediterráneo.

Es hora por tanto de no ponerse de perfil y de que los representantes políticos e institucionales se pronuncien. Los diputados nacionales por Málaga del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos deberían explicar a sus votantes cuál es su posición y si están dispuestos, o no, a defender los intereses de Málaga y Andalucía occidental.

No se trata necesariamente de ser excluyentes, pero Andalucía requiere garantías de que no quedará aislada, como históricamente ha ocurrido con Almería. Y la mejor forma de aclarar sus intenciones es que el Gobierno apueste también por el eje central y no sólo por la opción preferida por los empresarios valencianos y catalanes.

No es un asunto baladí, pues de este proyecto depende gran parte del desarrollo futuro de la economía andaluza y malagueña. Es preciso entender que el puerto de Algeciras, con su papel de enlace entre África y Europa, es uno de los motores de Andalucía y que no puede quedar asfixiado por decisiones políticas que, paradójicamente, terminan beneficiando a otros entornos portuarios del Mediterráneo. Es hora de levantar la voz para que después no quede sólo el inútil derecho al pataleo.

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