Un tren para Marbella

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

No se puede negar que el ministro de Fomento se ha tomado en serio el desafío histórico que supone intentar llevar el tren hasta Marbella. El sábado estuvo en la ciudad y demostró que es el dirigente político estatal que ha llegado más lejos en la tramitación administrativa del proyecto. Ha superado con creces a todos sus antecesores, de cualquier color, y eso le honra. Se le ve convencido de su propuesta, que no es otra que la de llegar mediante una prolongación del Cercanías desde Fuengirola. Y es respetable. El discurso del ministro, una mañana de un sábado delicioso de enero, de esos que le dan la fama internacional a Marbella, ya ha servido para algo. Ha servido para demostrar, desde una perspectiva institucional, que la llegada del ferrocarril es factible técnica y económicamente, además de un objetivo clave para las infraestructuras en España. Algunos aquí siempre lo hemos sabido, pero la gestión de los últimos años no animaba precisamente a ser optimistas.

Ya estamos seguros de que se puede llegar con un tren de Cercanías. Cabría preguntarse, como muchos hacemos, si podría llegar también un servicio de mejores prestaciones, a la altura de lo que Marbella merece. No hablo de alta velocidad, sino de velocidad alta, que no es lo mismo. Para ello, sería necesario, indiscutiblemente, un trazado nuevo y autónomo, directo, desde el Aeropuerto, y que entronque con la LAV Córdoba-Málaga. En aquel discurso optimista de Íñigo de la Serna faltaban piezas, la principal, el tiempo de trayecto previsto. Los ciudadanos son cómodos, cada vez más, y de ahí mi pregunta en la rueda de prensa sobre si el servicio propuesto sería competitivo frente al coche, incluso al autobús. Contestó el ministro: «Sí, pero». Y el pero es introducir en la ecuación elementos que superan lo estrictamente práctico, con factores muy importantes sin duda pero que se desvían de lo principal, como los ambientales o la reducción de los accidentes. Lo cierto es que el trayecto, tal y como está previsto, se irá por encima de una hora desde la terminal AGP, por más que se quieran hacer apartaderos de espera para doble composición en ese 35% de la línea existente que no está desdoblada, ni se puede duplicar, por falta de espacio. De manera que la saturación de la infraestructura actual siempre será un freno al desarrollo de los futuros servicios ferroviarios, tanto en frecuencias como en velocidad del trayecto.

La pregunta que cabe hacerse no es si es barato u oportuno aprovechar el trazado actual para prolongarlo. La cuestión es: por qué modelo ferroviario apostaríamos para dar servicio a Marbella, en el caso de que no existiera actualmente el Cercanías hasta Fuengirola. Por su posición y sus perspectivas de futuro, la ciudad merece, al menos, esa reflexión.

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