La trata, un desafío

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Ayer domingo se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas. Los números hablan por sí solos: más de 12 millones de personas son víctimas a nivel mundial y existen más de 500 rutas de tráfico. El drama del tráfico de personas es indigno de las sociedades humanas. Sin embargo, es algo con lo que se están frotando las manos las mafias alimentadas con un nuevo manjar: el cierre de fronteras.

Tal y como la calificó ayer el Papa Francisco se trata de una plaga aberrante. Una forma actual de esclavitud. Porque cada año miles de hombres, mujeres y niños son víctimas de la explotación. En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante y muchos, como escribe Francisco, tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda.

Desgraciadamente tampoco Naciones Unidas hinca el diente al asunto; la ONU podría abordar la trata como delito de lesa humanidad. Esto llevaría a los países a reparar los derechos de las víctimas. En fin, todo un desafío a la condición humana.

Los datos son escalofriantes. Y además las víctimas esclavizadas se sienten impotentes por muchas razones. También por la falta de protección jurídica que desincentiva las denuncias. De entrada en España la ralentización de los procedimientos judiciales afecta de manera directa a efectos de obtener el permiso de residencia de las víctimas. ¿Por qué no se aborda este desafío de manera indiscutible? Diferentes asociaciones y profesionales intervienen como mejor saben y pueden en la posible solución a este drama. Pero mientras que España no cuente con una ley que de manera integral aborde este asunto serán luchas titánicas o significativos pequeños pasos los que se den.

Es cierto que diferentes partidos del arco parlamentario nacional acaban de cerrar un pacto de Estado en el que se dice que la lucha contra esta lacra «ha pasado a ser prioritaria en el marco de la lucha contra la violencia hacia las mujeres». Pero queda mucho por hacer. Porque la trata se ceba no solo con mujeres sino también con los menores: en España una de cada cuatro víctimas es un niño o niña que vive atrapado en redes, sufriendo explotación sexual, esclavitud laboral o mendicidad forzosa. Precisamente por eso es necesario y urgente el esfuerzo colectivo y personal para hacer frente de modo adecuado a esta execrable suma de todas las villanías, como la definió el abolicionista John Wesley.

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