El traje del emperador

La rotonda

IGNACIO LILLO

Ha ocurrido por casualidad. Una pregunta al Gobierno del diputado de Ciudadanos por Málaga, Guillermo Díaz, hasta cierto punto inocente y sin ninguna intención, ha desvelado oficialmente lo que era un secreto a voces. Como en El traje nuevo del emperador, el cuento de Hans Christian Andersen, quien, por cierto, era un enamorado de Málaga. A saber cuánto de sus fábulas está inspirado en la manera tan particular que aquí tenemos de hacer las cosas, a ojos de un danés. Esta vez no ha sido un niño, pero sí un técnico, obligado por su condición a decir la verdad a un representante público, el que ha revelado, con una breve frase, que la red de Cercanías está al límite de su capacidad.

Tan distraídos andábamos soñando en la posibilidad de que hubiera una conexión por tren hasta Marbella, contemplando el traje invisible del rey, que no quisimos ver que iba desnudo. Y lo estaba, para seguir con la metáfora, al menos de cintura para abajo. Desde que arrancó la última etapa del PP en el Gobierno, dos ministros de Fomento nos han contado que sus técnicos estaban enfrascados en la difícil tarea de la prolongación de las vías desde su última estación, en Fuengirola, hasta la principal ciudad de la Costa del Sol. Hay dos posibles alternativas: por el norte, junto a la autopista; o bajo la A-7, en un túnel largo e inabordable desde las arcas del Estado.

¿Y luego qué? Se nos ha olvidado a casi todos (a todos no, porque los ingenieros sí que lo sabían, pero no los hemos escuchado lo suficiente) que lo que se pretende llevar es un Cercanías, con un trazado previo, desde Málaga a Fuengirola, donde diez de los 30 kilómetros son de vía única, esto es, que no está duplicada. Además, no tiene apartaderos ni las condiciones de la traza permiten velocidades superiores a los 80 kilómetros por hora. Los más de 36 millones de viajeros que se esperan, el triple que ahora, tendrían pocas frecuencias y tardarían en llegar a su destino, en el mejor de los casos, más de una hora. No sería por tanto competitivo con el autobús, que lo hace en 45 minutos, ni mucho menos con la comodidad del coche.

Por tanto, no cabe otra opción que hacer un traje nuevo. Uno de verdad, a la altura de lo que Marbella se merece. Con un tiempo de trayecto de no más de 40 minutos desde el Aeropuerto, que es el verdadero epicentro de la ciudad turística. Con capacidad de conectar con el AVE, para que el de Málaga sea de verdad el gran 'hub' de Andalucía. Con unas condiciones que lo conviertan en el nuevo eje vertebrador de las comunicaciones en esta megaciudad del siglo XXI que se llama Costa del Sol. Todo lo demás será seguir aplaudiendo a un emperador que pasea desnudo.

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