Que el tráfico no atropelle los principios

VOCENTO 15 AÑOS. LA FIRMA INVITADA

Creemos en la utilidad social del periodismo y en la pluralidad de opiniones. Por eso invitamos a escribir en esta columna, que se publicará cada martes en todos los diarios de Vocento, a periodistas y firmas de otros medios

ANABEL DÍEZ. CRONISTA POLÍTICA DE EL PAÍS

Cinco años atrás la desazón cundió entre muchos periodistas al constatar la creciente polarización política de los medios de comunicación que conducía inexorablemente a las trincheras, con bandos dispuestos a fustigarse con ahínco. Los protagonistas eran las propias empresas periodísticas y/o los profesionales de la información, en sus manifestaciones en tertulias y columnas.

El recuerdo de ese tiempo casi mueve a la añoranza ya que los problemas del periodismo se han agudizado en todas sus vertientes. Desde la responsabilidad con la sociedad hasta el funcionamiento interno de los medios; la precarización laboral y las enormes dificultades para subsistir a través de búsquedas constantes de modelos de negocio que permitan a las empresas seguir adelante. En medio, cierres y despidos. Junto a ello, deslizamiento imparable hacia el periodismo-espectáculo para atraer audiencias y tráfico.

Pues sí, el tópico se hace inevitable: malos tiempos para el periodismo. Se repite en conferencias, cursos, mesas redondas y, en efecto, se constata que así es aunque quienes formulan la pesimista afirmación suelen pertenecer al mundo académico, libres y con perspectiva para analizar con objetividad el estado del periodismo.

No se suelen lanzar piedras al propio tejado, aunque cuando la anomalía, las falsedades o las malas artes rebasan las mínimas normas ya no de la ética, sino de la decencia, se alzan voces para señalar que eso no es periodismo. Urge incrementar la denuncia y la defensa del buen hacer en periodismo ante la alarmante y paulatina sustitución del periodismo por las redes sociales, imbatibles en la difusión de contenidos. Las noticias falsas, ‘fake news’, suponen un fenómeno de una gravedad extrema que afecta al honor y a la intimidad de las personas y extiende capas de falsedad en torno a hechos ya sean nimios o de alta trascendencia. Estos días hemos tenido un ejemplo respecto al origen del Black Friday, o viernes negro, importado de Estados Unidos y apropiado por el comercio para dar un empuje a las ventas. Se puso en circulación que aludía a la venta de esclavos negros en América y nada podía detenerlo. Algunos medios hicieron el esfuerzo de contrarrestar la falsa información pero no se sabrá si llegó a todos los que creyeron tamaña patraña. Por no salirnos del marco informativo que acapara la información desde hace meses, cual es la crisis catalana, la proliferación de las falsas noticias ha circulado como un torrente. Se han atribuido maridos independentistas, de un lado; o franquistas, desde otro, para tratar de desprestigiar a personajes públicos. Se transmitió que Carles Puigdemont regresaba a España, en la víspera de que tuviera que declarar ante la Audiencia Nacional, en el último vuelo de Bruselas a Barcelona, porque así lo había dicho un pasajero que aseguró le tenía «al lado». Así lo transmitió algún medio, recogido de inmediato por otro y otro… ¿Y las comprobaciones? ¿ Y la necesidad de acudir a fuentes solventes? Eso ha quedado en un plano secundario. Lo importante es no quedarse atrás. «Lo he leído pero no sé dónde», suele ser la respuesta cuando se requiere la fuente de una información como la de que el exjefe de los Mossos, Josep Lluis Trapero, era hijo de guardia civil y ETA había asesinado a su hermano. Un cuadro familiar que le convertía en un auténtico traidor ya no a España sino a su familia. Todo falso, pero cómo corrió aquello.

Los necesarios cambios del mundo informativo no pueden pasar por destruir los principios de una información solvente y veraz. En esa defensa tienen que estar los periodistas. Y hay muchos muchos dispuestos a hacerlo. También a los editores y a los propietarios les concierne del todo esta necesidad de rigor, prestigio y reputación. La obsesión por el tráfico, fuera de todo control, nos puede atropellar a todos. Larga vida al grupo Vocento. Feliz Aniversario.

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