Torres de cristal

Pilar Martínez
PILAR MARTÍNEZMálaga

El turismo es una industria especialmente sensible a cualquier fenómeno. De la nada pueden surgir factores que nublen un despejado horizonte. Los últimos acontecimientos sobrevenidos en aerolíneas claves en el aeropuerto de Málaga obligan a poner el foco en el sector del transporte aéreo. Las cancelaciones masivas de Ryanair o las quiebras de Monarch, Air Berlin o Alitalia pueden parecer meros incidentes, que de forma aislada no tienen más que un efecto inmediato entre el volumen de pasajeros afectados. Sin embargo, cuando se suma el tráfico que movían el año pasado en unas instalaciones como el aeropuerto de Málaga o se consideran las consecuencias que en Ryanair pueden tener sus últimas actuaciones es cuando se constata que el problema va más allá del malestar entre los viajeros que han quedado en tierra. La fragilidad de las compañías aéreas, separadas por cada vez un hilo más fino entre las de bajo coste y las tradicionales, es un asunto que debe requerir la máxima atención. El sector turístico ya ha alzado la voz sobre la preocupación generada, la incertidumbre sobre si esta demanda que ha quedado en el aire encontrará respuesta, y los temores por la alta concentración de viajeros en el aeropuerto de Málaga en manos de 'low cost'. Pero el destino también debe comenzar a analizar esta cuestión porque está claro que son las aerolíneas protagonistas indiscutibles del crecimiento de la Costa. El turista llega por esta vía y no solo a Málaga sino al conjunto de Andalucía. No se trata de ser alarmista, pero sí de advertir que las últimas turbulencias en el transporte aéreo no deben quedarse en un asunto que indigna a los pasajeros afectados. Otros destinos ya las han tomado tan en consideración como que han cuantificado las pérdidas que acarrearán los miles de viajeros que dejarán de venir tras el cese de Monarch y de reservas que no se formalizarán.

Fotos

Vídeos