Torra en Ferraz

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

La presencia del ya molt honorable president de la Generalitat Quim Torra en la puerta de la sede federal del PSOE, en la calle Ferraz de Madrid, mientras se celebraba el traumático comité que defenestró a Pedro Sánchez puede parecer una anécdota o una excentricidad más de este atrabiliario y xenófobo personaje. Pero ya somos muy mayores como para creer en las meigas o en las casualidades. Torra, entonces director del Centro de Estudios de Temas Contemporáneos de la institución autonómica catalana, dio buena cuenta en Twitter de su presencia, con su familia incluso, en el barullo de la calle, según decía «en apoyo del federalismo» y para que el Senado estableciera su sede en Barcelona. El PSOE (Madrid) ha considerado la publicación de los tuits como una maniobra para desprestigiarle, «vino a Ferraz a reírse de nosotros», dijo el partido, mientras que la presidenta andaluza, Susana Díaz, ponía su mejor sonrisa para celebrar que el muy racista president le mostrara su rechazo, algo que prácticamente ha considerado un honor y le ha dado la oportunidad de volver a sacar la bandera de la unidad de España. Un cierto papel de «nieta de Isabel la Católica», que por cierto le gusta mucho interpretar y que le da alas en las encuestas.

Sin embargo, no parece casual ni un pasatiempo de fin de semana que Torra se plantara en Ferraz para jalear a los pedristas. Más tiene pinta de que formaba parte de una estrategia de presión de los suyos para que triunfara lo que llama «el federalismo», es decir, esa idea de la «plurinacionalidad» o más directamente que se facilitaran las condiciones para ese pacto entre Sánchez y ERC a cambio de no aplicar el artículo 155, que desveló el senador de Esquerra y ex juez Santi Vidal, y que posteriormente confirmó el portavoz del PNV en la Cámara Alta, la existencia de un acuerdo entre Sánchez, Podemos ERC y el propio PNV para darle la presidencia del Gobierno al aún entonces secretario general.

Como se recordará, el rechazo al pacto con los indepes era una de las condiciones inexcusables que el comité federal había impuesto a Sánchez y una de las causas de su dramática destitución. Susana Díaz, como se sabe, encabezó la rebelión denunciando una suerte de «golpe de Estado» con los partidos rebeldes catalanes.

Cuando está a punto de cumplirse el primer aniversario de las primarias del PSOE, en las que Díaz fue estrepitosamente derrotada, el próximo día 22, martes, la presidenta y 'baronesa' andaluza no ha usado este argumento para reivindicarse. Ya lo hacen los hechos. Frente al «no es no» de aquel Pedro Sánchez del año pasado y la negativa rotunda de las bases socialistas a la abstención que diera el Gobierno de la nación a Rajoy, hoy el líder socialista hasta pone «dos huevos duros» más en apoyo a la estrategia gubernamental (modificar el delito de rebelión, obligar a acatar la Constitución a los cargos públicos). Aparte, su perfil político es inusitadamente bajo y los sondeos le dan un malísimo pronóstico. Y crece el argumento de que una cosa es ganar las primarias ante la militancia y otra las elecciones ante los votantes, que es lo que cuenta.

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