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El torero aburrido

ROSA EBLMONTE

Morante de la Puebla, que tiene pelo para hacer un colchón de lana, guarda más cosas extraordinarias en la cabeza. Con 37 años, es la tercera vez que se retira. Toreó el domingo en el Puerto de Santa María. El vulgar Juli, cinco orejas y un rabo; el artista Morante, pitos, silencio y bronca. Esta vez se va porque los presidentes y veterinarios le «han aburrido». «El toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte y ya no puedo más». Su arte no puede más. En Casa Obregón, en El Puerto, hay una foto donde se ve a Morante sentado en una silla con las banderillas en alto esperando al toro. Arte. Él también lo llama toreo clásico. Como diría el Gallo, el toreo clásico es cuando no se ‘pué’ hacer mejor. Morante no tiene cariño por los supertoros a los que me imagino como al supercerdo Okja. A Morante no le gusta lo moderno. «Lo moderno abunda, se mete en nuestras casas y a mí me aburre terriblemente». Morante tiene ‘ennui’.

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