La tómbola del poder

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Lo peor de leer, por poner un ejemplo, la conversación que tuvieron en enero de este año los presidentes de México, Peña Nieto, y de Estados Unidos, Trump, es la enésima confirmación del bajo nivel del presidente norteamericano. Bajo nivel cultural, bajo nivel político y, sobre todo, bajo nivel humano. En resumidas cuentas, en la transcripción ahora conocida de la conversación telefónica que tuvo lugar en enero, Trump demuestra estar más preocupado por qué dirá la prensa de él si México no paga la construcción del muro, que por el muro mismo. Resulta que todo se resume, para el presidente Trump, en que el presidente mexicano no puede dejarlo mal, sin pararse a pensar un momento en cómo deja él a todos los mexicanos obligándolos a pagar su estúpida idea de construir un muro de la vergüenza entre ambos países.

Hace tiempo leí un estudio sobre psicología evolutiva en el que explicaban un sencillo experimento por el que se medía la capacidad de los niños pequeños de pensar con la cabeza de otra persona, es decir, la capacidad de razonar como lo haría alguien que, por ejemplo, no tiene todos los datos que nosotros tenemos. Esa capacidad es algo que los niños desarrollan relativamente pronto, pero no todos al mismo tiempo. En el caso del presidente Trump, se ve que todavía no le ha llegado ese momento de maduración psicológica. Lo curioso es que él es consciente de la vergüenza que pasaría si no cumpliera lo que ha venido prometiendo durante dos años, es decir, si no construye el muro de separación entre Estados Unidos y México, a expensas de México, pero, sin embargo, es incapaz de comprender la vergüenza que haría pasar al pueblo mexicano.

La conversación, por lo que ha filtrado el 'Washington Post', no tiene desperdicio. Así, gracias a la misma, hemos sabido que el presidente Trump le dijo a Peña Nieto que si el Ejército mexicano no tenía valor de ir a por los cárteles de la droga, los militares norteamericanos lo harían, que para eso son unos valientes. A lo que, como era previsible, Peña Nieto respondió que bastaría con que desde Estados Unidos no se proveyera de armas y dinero a los narcotraficantes para que el problema se pudiera reconducir de manera más razonable.

Los seres humanos tendemos a atribuir cualidades excepcionales a las personas que tienen éxito social, incluso aunque el éxito lo hayan heredado de sus padres, o les haya tocado en la tómbola. Y ese principio, combinado con otro que conocen bien los economistas, el llamado efecto Mateo, es decir, que «al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará», hace que tendamos a fortalecer cada vez más a cualquier imbécil afortunado, de modo que con cierta frecuencia nos vemos envueltos en una espiral en la que terminamos poniendo el futuro del mundo en las poderosas manos de la persona equivocada.

Es posible que la amable lectora, o lector, de estas líneas piense que en el caso que comentamos los seres humanos hemos tenido muy mala suerte, y que se trate de una circunstancia excepcional, pero lo cierto es que también aquí hay un método en nuestra locura.

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