TOMANDO POSICIONES

MIRANDO AL MAR JOSÉ MANUEL BERMUDO

CADA vez hay menos tregua electoral. En este país se abren las urnas periódicamente para recoger la voluntad popular con el objeto de conformar los ayuntamientos, los parlamentos autonómicos y las cámaras nacionales, que en varias ocasiones se adelantan o repiten en tiempos no previstos cuando los acuerdos políticos no llegan a producirse. No hay más que mirar a Cataluña y comprobar lo complicado del asunto.

También es fácilmente apreciable que las campañas electorales no están marcadas por los plazos oficiales, esos que fijan unos días antes de las votaciones para que se peguen carteles y se prodiguen los mítines, esos actos tan venidos a menos. Eso, en estos tiempos, es como un trámite burocrático que hay que cumplir intentando acaparar sitios y reflejos mediáticos para mostrar músculo que convenza a los indecisos. Las campañas empiezan mucho antes, cada vez más, con cada partido transmitiendo aquello que considera positivo de su gestión y denostando la labor del contrario buscando resquicios que perjudique a todo el que se ponga por delante. Nada nuevo bajo el sol, aunque a veces parezca que algunos están reinventando la norma.

Las elecciones llegarán el próximo año, aunque en Cataluña puede que sea un batiburrillo distinto a todo, dada las paradojas que se producen cada día en una tierra marcada por los intereses nacionalistas que superan en muchas ocasiones las fronteras de la racionalidad. Pero las elecciones del resto del territorio español se enfocan ya a distancia con cálculos sobre sus resultados y con estrategias para, según cada cual, obtener el mayor número de beneficios. Por esto es que muchos ciudadanos que viven cada día con una normalidad fuera de todo tipo de elucubraciones políticas, que piensan con una lógica y un sentido común poco apreciables por quienes tienen el poder, empiezan a preocuparse ante la posibilidad de que se olviden las cosas importantes.

Tenemos como ejemplo los presupuestos. Los nacionales y los autonómicos. Estos días nadie se pone de acuerdo en la idoneidad de las cuentas. En la Costa del Sol se analizan las inversiones según los partidos que lo hagan, claro está. Quienes tienen afinidad con el gobierno central destacan que se han aumentado las cantidades para algunos proyectos olvidados, como los seis millones de euros que se destinan a continuar con los estudios del futuro tren a Marbella. Desde la oposición se lamenta lo que consideran escaso interés gubernamental, porque quieren mucho más.

Lo mismo ocurre con el presupuesto de la Junta de Andalucía, aunque aquí los protagonistas políticos están en ubicaciones cambiadas. Lo cierto es que esto es lo que ha ocurrido siempre. Nunca los grandes partidos han estado conforme con lo que hacen sus rivales en las instituciones, con lo cual el ciudadano hace cada vez más esfuerzos para intentar aclararse él solo, antes de que salga algún dirigente (o alguna, como ya ocurrió), que diga que el dinero no es de nadie.

También se dan situaciones de posicionamientos políticos más claros conforme se acercan las urnas, siempre con el mismo objetivo de rentabilidad. Vease si no el caso del grupo Opción Sampedreña, que ahora se define defensor de la independencia de San Pedro, precisamente cuando el Tribunal Supremo ha fallado en contra, y cuando antes se había mostrado mucho más moderado para conseguir beneficios de autonomía. En qué medida puede afectar esta situación al actual gobierno bipartito está por ver, teniendo en cuenta que estos argumentos no coinciden con los planteamientos de los populares que dirige Ángeles Muñoz. Ya se pusieron de acuerdo hace unos meses para cambiar la alcaldía, pero cabe preguntarse cómo se lo van a tomar ahora. A veces el poder tiene caminos inescrutables, pero que igualmente pueden ser impredecibles cuando se cree que una urna puede cambiarlo todo, a favor, claro está.

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