El Tinder de la senectud

Cualquiera que haya visto alguna vez 'La Tarde aquí y ahora' sabe que es un programa muy bestia

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Cualquiera que haya visto u ojeado alguna vez 'La Tarde aquí y ahora', el magacín de tarde que emite Canal Sur, sabe que es en general un programa muy bestia. Este espacio, aceptado como una aplicación de ligoteo para la tercera edad, es de lejos el más visto en la televisión autonómica andaluza y sus contenidos suelen formar parte de los recopilatorios de 'zapping' porque son una muestra en bruto del tópico de la 'gracia andaluza' que en realidad suele provenir de cierto nivel de analfabetismo matizado por un sentido del humor tirando a negro, osadía y ausencia de complejos. Pese a que nadie duda de su función de entretener y acompañar a gente mayor que está sola, el contenido del programa es de trazo grueso y tintes a menudo surrealistas, como un espacio fuera de su tiempo y quizá corrosivo en este ámbito de lo políticamente correcto en el que vivimos. El programa y sobre todo su hacedor, Juan y Medio, han salido esta semana a la más ardiente actualidad por un vídeo en el que se ve al presentador recortando la falda a su colaboradora, aparentemente en contra de su voluntad, provocando un expediente a la productora y un debate que va mucho más allá de los límites del humor.

Sacado del contexto de esta audiencia tan particular, el fragmento en cuestión resulta sencillamente vomitivo y deja en el espectador ajeno una sensación de espanto en muchísimos niveles; a medio camino entre el acoso sexual y el laboral, la secuencia puede ser contemplada como lo más parecido a una violación en directo, emitida para mayor escarnio por una televisión pública y en horario infantil. Sin embargo, estas payasadas de Juan y Medio funcionan a la perfección dentro del contexto del público objetivo de 'La tarde aquí y ahora', que está enfocado con descaro hacia personas mayores y de poblaciones pequeñas, una audiencia anclada en la vejez y en el localismo para quienes desarrollar un comportamiento más o menos sexista ha sido de toda la vida lo normal.

Y, sí, hay mucho machismo en este programa. En la enorme sección de búsqueda de pareja es habitual que los hombres pidan a mujeres que no salgan, que no beban, que no trabajen y que cocinen bien, o que haya mujeres que pidan hombres sin cargas. Lo que parecería inaceptable en cualquier otro ámbito en este programa cobra cierto sentido, aunque desde fuera podamos verlo como una exhibición de decadencia geográfica. Personalmente trato de evitar un buen número de programas de la tele pública andaluza porque me siento ajeno a ese mundo, pero asumo que forma parte de una realidad que está hundida en nuestras raíces. En definitiva, es cierto que resultaría injusto tachar a nuestros abuelos de machistas, la cuestión es si estos comportamientos son asumibles en una televisión pagada por todos, o si en Canal Sur ya va siendo hora de actualizar los contenidos y a sus audiencias.

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