Tiempos revueltos

Las votaciones son un enredo manejable, pero te pueden pillar

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

El fin del verano siempre es triste, canta Danza Invisible. Pero el del invierno no. En doce institutos de Málaga no se entregaron ayer las notas por la huelga del profesorado interino, vaya faena. A Cifuentes no le dieron las notas en su día pero después ya sí. El fin del invierno no ha sido triste pero sí movido. Alberto Gómez nos contaba ayer que Margarita del Cid, la presidenta de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental, fue destituida en el pleno del Ayuntamiento de Torremolinos. Minutos después de su destitución el PP propuso a la misma Margarita del Cid para cubrir la vacante que había dejado su destitución. Eso es genial. Una abstención hizo que se admitiera la propuesta, pero el edil que se abstuvo pidió una moción de urgencia porque dijo que se había equivocado y quería corregir su error. Había empate y el alcalde votó para aprobar la moción y la destitución. Las votaciones pueden ser un enredo y en Perú le acaban de costar el puesto al presidente, al que acusan de comprar votos de legisladores que pretendían votar su destitución. El pasado español no está muy presente en los apellidos de algunos presidentes peruanos. Este se apellida Kuczynski, que en un acto polémico indultó al expresidente Fujimori, que había sido condenado a 25 años de cárcel. La mezcla es buena. Sarkozy tampoco suena muy francés y llegó a presidente de Francia. Anteayer fue detenido e imputado porque presuntamente Muamar Gadafi financió ilegalmente su victoriosa campaña.

El presidente polaco se apellida sin embargo Duda, y por eso no pudo celebrar que ganó las elecciones de 2015 hasta el último momento, pues fueron las más igualadas de la historia polaca. Anteayer mismo Joaquín Almunia dijo que Polonia no es una democracia y Hungría (de donde procede el padre de Sarkozy) tampoco. Añadió Eslovaquia a la lista negra y dijo que se le ocurría algún país más, pero no dijo cuál. A su lado estaba Felipe González, que pidió que ojalá no metieran en la cárcel a ninguno de los cargos catalanes procesados ayer. Marta Rovira no se presentó ante el juez y anunció por carta que se iba al extranjero. Por otras razones (la pela es la pela) hay 17.000 malagueños fuera de España. Muchos de ellos aprobaron sus grados y sus másteres pero el panorama aquí es paranormal. En Málaga hay 60.000 británicos. Las familias que echen de menos a algún joven expatriado podrían adoptar a un británico que vaya los domingos a comer. Los británicos quieren ser españoles, pero sin dejar de ser británicos, y España dice que entonces no. También se quejan de que no es fácil ser español. Que se lo digan a muchos de esos 17.000 malagueños por el mundo. Comparten sus historias en facebook, desde donde deciden lo que vamos a votar. Por ese escándalo han despedido al responsable de seguridad, Stamos, que ya no está. El mundo está revuelto. Pero al menos en doce institutos de Málaga las notas las darán después de vacaciones.

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