Timepo de espera también en Andalucía

Debate de la Comunidad en octubre de 2016. :: E. P. /
Debate de la Comunidad en octubre de 2016. :: E. P.
Andalucía en el diecisiete

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

LA onda expansiva de Cataluña sigue alcanzando la política andaluza, aunque esta semana se ha visto a todos los partidos intentar volver a la normalidad. O algo parecido. Cataluña y lo que pasa y pase en torno a ella tendrá repercusión sí o sí en la política andaluza, aunque las agendas se carguen de asuntos propios.

El portavoz del Gobierno, Juan Carlos Blanco, reconoció que Cataluña estará presente en el debate general sobre el estado de la Comunidad, convocado para los días 15 y 16 de este mes. Susana Díaz ya ha dado algunas pistas de por dónde irá su discurso: Reivindicará una vez más el papel protagonista de Andalucía -la Junta «también es Estado», suele repetir- en las decisiones sobre el futuro modelo territorial y el reparto del dinero a las comunidades, piedra angular de la arquitectura del estado de las autonomías, origen de todas las trifulcas y en parte de la actual inestabilidad nacional. ´

Los dos asuntos, sobre todo el de un nuevo sistema de financiación autonómica que reivindica Andalucía desde hace tres años, cuando caducó el actual, aún debe esperar unos meses. Es imposible abordarlo hasta que pasen las elecciones y se constituya el nuevo gobierno de Cataluña. Un dato este de hasta qué punto influye el polvorín catalán en el día a día de los demás españoles.

Resulta extraño que Susana Díaz y Sánchez sigan sin aparecer juntos con la que está cayendo en el país

Pese a este tiempo de espera, Díaz volverá a arremeter en el debate contra el Gobierno de Rajoy por hacerse el remolón con la renovación de un modelo que maltrata a Andalucía. También maltrata a Canarias, pero esta comunidad se ha visto compensada tras el apoyo al Presupuesto estatal del partido de su presidente, Fernando Clavijo (Coalición Canaria).

Atrás quedaron los tiempos en los que Díaz y Clavijo hacían piña frente al Gobierno del PP. Esta alianza se fue al traste. Lo peor es que en el reparto de la tarta de la financiación, Díaz debe andarse lista de que también los barones aliados en el PSOE barran cada uno para su propia casa. Hay que recordar que Asturias y Andalucía ya pleitearon en el pasado por ello.

Más allá de los recelos de los consejeros económicos de la Junta por la recentralización que sin pudor defienden PP y Ciudadanos, o de darle más todavía al norte por la pulsión nacionalista, a quien primero tiene que convencer Susana Díaz es a su secretario general, Pedro Sánchez.

Se sabe, como ha apuntado Juanma Moreno esta semana, que la nueva financiación autonómica no saldrá adelante si no hay pacto previo entre PP-PSOE, que son los partidos con la mayoría de gobiernos autonómicos, aunque Ciudadanos y Podemos sean llave en algunos. La negociación en teoría será con los gobiernos autonómicos, pero en la práctica intervienen los partidos.

La presidenta tiene un reto muy importante en este aspecto, ganar influencia en su jefe político para que defienda los intereses de Andalucía o no supedite estos a los de otras comunidades más queridas o se quede de brazos cruzados y allá que se las apañen los presidentes autonómicos. Para ello, ambos tienen que superar la desconfianza que les separa desde la guerra de las primarias.

Pese al pacto de no agresión y a la coincidencia más o menos de los dos en la respuesta del PSOE sobre Cataluña, con el apoyo al 155, resulta extraño que, ante lo que está cayendo en el país, el líder del principal partido de la oposición y la presidenta de la principal comunidad en la que gobierna el PSOE sigan sin aparecer juntos en público. Han hablado alguna vez por teléfono, dicen, pero sigue sin haber una relación fluida, de confianza y de respaldo mutuo como la hubo siempre entre los secretarios generales del PSOE y los presidentes socialistas de la Junta.

Sánchez necesita y no puede dejar de lado a Andalucía en cualquier movimiento que haga, sea el del encaje de Cataluña en una nueva Constitución o el de la nueva financiación. Díaz debe facilitarle las cosas. Sacar pecho de que es la que sale reforzada de los congresos provinciales por haber laminado a los sanchistas, no ayuda.

La financiación de las regiones es un asunto árido, al que nadie atiende en tiempos de tanta bandera sentimental arriba y abajo, pero, insisto, en ella está la semilla de la discordia o de la paz interna del país. De ella depende el dinero para la sanidad, la educación, las carreteras o la dependencia. En definitiva, el bienestar de los ciudadanos. Por eso votamos, al menos en Andalucía.

En este sentido, cabe subrayar el que Podemos e Izquierda Unida, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, hayan emprendido estos últimos días una estrategia de volver a hablar de leyes e iniciativas sociales para ahuyentar las críticas internas y de sus simpatizantes por el papel de ambos en el conflicto de Cataluña, en apariencia más cerca de los argumentos y el corazón de los secesionistas que de la inmensa mayoría de los andaluces que quieren que aquel territorio siga siendo España. Lo mismo que defienden ellos, pero con una actitud a veces «bipolar», como con tino dijo Juanma Moreno.

Menos tino ha tenido el líder del PP andaluz en sacar del baúl de Javier Arenas lo del enchufismo del PSOE en empresas públicas y habilitar un correo electrónico para denuncias. ¿Y qué hará con las denuncias que le lleguen del enchufismo de su propio partido? Imagínense: Deleted.

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