Tiempo, cerebro e ictus

En el transcurso de un ictus, por término medio se pierden, ya de forma irreversible, nada menos que 2 millones de neuronas, 14 billones de sinapsis y 12 km de fibras mielinizadas... por cada minuto

El tiempo es un concepto apasionante. Su propia concepción así como su significado ha subyugado a lo largo de la historia a las mentes de los pensadores más profundos de la humanidad. De esta forma, el tiempo ha sido estudiado por la Matemática, por la Física (disciplina donde constituye una de las Magnitudes Fundamentales) y también por la Filosofía, área donde numerosos pensadores han promulgado sus conceptos, ideas y percepciones sobre el mismo, desde Aristóteles a San Agustín.

La Teoría de la Relatividad de Einstein supuso un cambio radical en la concepción del tiempo, que pasó de ser un concepto absoluto a otro relativo. La magnitud del tiempo cambia, pudiendo dilatarse o contraerse en función de circunstancias externas.

A estas alturas, quien más, quien menos, se estará preguntando qué hace un neurólogo hablando de estas cuestiones. Pues la respuesta es sencilla: en los últimos tiempos la Neurología, especialidad tradicionalmente identificada con la observación serena y concienzuda en la que las decisiones diagnósticas y terapéuticas tenían que rodearse de tiempo de reflexión, ha visto, de repente, modificado este status quo. Todo ello a cuenta de lo que se ha dado en llamar 'Código Ictus', una de esas situaciones de emergencia sanitaria tiempo-dependientes en las que el tiempo adquiere un valor especial y en muchas ocasiones, sujeto a fuerte relatividad. Pongo cifras. Según estudios de ciencia básica, en el transcurso de un ictus, por término medio se pierden, ya de forma irreversible, nada menos que 2 millones de neuronas, 14 billones de sinapsis y 12 km de fibras mielinizadas... por cada minuto. Multiplíquense estas cifras por 60 y veremos la importancia de una hora en el transcurso de un ictus. Cuando el lector compare estas cifras con la insignificancia del tiempo que pasamos mientras dormitamos durante una plácida tarde estival, comprenderá de primera mano de qué va eso de la relatividad del tiempo. Es obvio que no vale lo mismo el minuto en una situación que en otra.

Pues bien, en los últimos dos años, una serie de artículos del máximo nivel de evidencia científica nos han situado ante un reto sanitario de la máxima exigencia: Existe un tratamiento, Trombectomía mecánica, capaz de, si se realiza en una ventana terapéutica determinada desde el inicio de los síntomas, revertir las catastróficas consecuencias del ictus isquémico. El procedimiento es simple: a través de un dispositivo que pudiera asimilarse a un sacacorchos accedemos a través del torrente sanguíneo al trombo que está obstruyendo la circulación sanguínea a nivel de los vasos intracerebrales y lo extraemos. Es obvio, siguiendo la reflexión que iniciamos en el párrafo anterior que de la celeridad del sistema sanitario para poner al enfermo en disposición de que dicho procedimiento sea hecho depende recortar minutos vitales a la evolución del ictus, disminuyendo así de forma dramática el número de neuronas perdidas y, consiguientemente, las secuelas del ictus.

Dado que el proceso es de la máxima complejidad, para ser realizado de manera adecuada, exige una minuciosa colaboración entre muy diferentes colectivos que incluye médicos de Atención Primaria, médicos de urgencias extrahospitalarias y del 061, médicos de urgencias hospitalarias, neurólogos, radiólogos, neurorradiólogos intervencionistas (encargados en realizar la extracción del trombo), anestesistas, médicos de Cuidados Intensivos y neurocirujanos así como de enfermería especializada en cada una de las etapas de atención al ictus. Solo cinco centros sanitarios en Andalucía están en disposición de ofrecer esta infraestructura de manera permanente y, por tanto, han sido designados Centros de referencia para la atención al ictus. Son los Hospitales Reina Sofía (Córdoba), pionero en Andalucía, Virgen del Rocío (Sevilla), Virgen de las Nieves (Granada), Puerta del Mar (Cádiz) y, finalmente, nuestro Hospital Regional de Málaga. El dispositivo completo, con cobertura de 24 horas al día y 365 días al año felizmente se puso en marcha en nuestro hospital desde finales de noviembre del pasado año. Se ha realizado ya un volumen de procedimientos que nos hace pensar que el ritmo de trombectomías mecánicas anuales puede situarse probablemente por encima de los 150 casos. El impacto sanitario que sobre la población va a tener esta estrategia en disminución de mortalidad y, sobre todo, de secuelas por ictus es muy importante.

De manera simultánea, el Hospital Regional ha acometido una mejora de una infraestructura básica para que todo el procedimiento se desarrolle con los máximos índices de calidad: La Unidad de ictus. Nuestro hospital desde ayer dispone de una Unidad de ictus, entendida como una unidad de cuidados intermedios especializada con capacidad para atender a siete pacientes ampliable a ocho en caso de necesidad. Se trata de la Unidad de mayor tamaño de toda Andalucía y también una de las mayores de España.

Pero de nada serviría este esfuerzo sin un ingrediente adicional: la propia colaboración de la población. El ictus debe ser considerado por todos como una emergencia sanitaria, igual que desde hace tiempo, lo es el dolor torácico. Desde el momento en el que detectemos que algo no funciona bien de forma brusca, bien sea una pérdida de visión, alteración en el habla o alteraciones de movilidad o sensibilidad en partes de nuestro organismo, debemos traer a nuestra memoria esas apabullantes cifras de pérdida neuronal que antes decía: No hay un minuto que perder y cuanto antes lleguemos al hospital, más opciones hay de que el tratamiento sea eficaz.

Estas cifras y estas infraestructuras hacen que nuestro Hospital esté en disposición de convertirse en un centro del máximo nivel en la atención al ictus. Creemos que es algo que la población de Málaga necesitaba sin demora. Sirva esta carta para agradecer a todos los colectivos implicados su grado de colaboración, sin la cual no habríamos podido dar estos primeros pasos. Aun así, no podemos caer en la complacencia, pues hay mucho trabajo por delante. Y es un trabajo de todos, incluidos ustedes.

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