Thanksgiving day

FRANCISCO MOYANO

EL último trimestre del año acumula una serie de tradiciones que nos mantienen entretenidos y entregados, por ejemplo, a un furor consumista al que resulta muy difícil sustraerse. Hace apenas unos días que el «terror», diseñado con una cuidada estrategia comercial, se enseñoreó de las calles en una exhibición de ese cierto grado de «masoquismo» que parece ser propio de la mayoría de los seres humanos y que lleva a la diversión que provoca «pasarlo mal». Halloween engrosó las cuentas de muchos negocios, aunque no evitó otra «tradición» que en Marbella resulta propia del otoño: el aumento de las cifras de parados en la ciudad; esta vez el aumento ha sido de casi un ocho por ciento. A fuerza de ser una constante, año tras año, pareciera que nos resignásemos a que las cosas son así, sin posibilidad de cambio; afirmamos que es la «tradicional» subida del paro en octubre y la afirmación se nos antoja como un bálsamo para una situación a la que nunca deberíamos acostumbrarnos. El próximo día veintitrés de este mes será el cuarto jueves de noviembre y en Estados Unidos (entre otros lugares) se celebrará el 'Thanksgiving Day' ('Día de Acción de Gracias'). De momento no hemos importado esta tradición de la que, mucho antes de la era digital, ya teníamos conocimiento por el cine y las series televisivas, pero no sería extraño que no tardase demasiado en llegar. Bastaría con que una hipotética «asociación nacional de criadores de pavos (y pavas)», que ignoro si existe, se encargase de fomentarlo por sus propios intereses comerciales, ya que la presencia del pavo horneado, acompañado de arándanos y puré, es primordial e insustituible en la cena del 'Thanksgiving Day'. Es cierto que hay familias en la ciudad que, por su procedencia, celebran Acción de Gracias con la participación de algunos españoles, pero es algo que aún nos sigue resultando ajeno. El origen, como tantas otras tradiciones, es agrario y surge como agradecimiento por las cosechas abundantes. Pero, tras el 'Thanksgiving' viene el 'Black Friday' o 'Viernes Negro', implantado ya entre nosotros desde hace unos años y que intenta que ese día sea, como ocurre en Estados Unidos, el de más venta del año y el comienzo de la carrera consumista hasta el tiempo de la Navidad. De momento, por estas latitudes, el 'Viernes Negro' no es festivo, pero no sería extraño que se declarase así en algún momento; sería lo más adecuado para entregarnos sin cortapisa alguna al más desaforado consumismo, adquiriendo incluso la ropa de abrigo que no nos pondremos porque la climatología se ha empeñado en reducir el número de estaciones. Pero, para completar la trilogía, después del primer viernes de Acción de Gracias, o Black Friday, parece que las cuentas y bolsillos aún no quedan suficientemente exprimidas y en los Estados Unidos de América se instituyó el 'Cyber Monday', el primer lunes después de 'Thanksgiving'; naturalmente que el 'ciberlunes' ya forma parte de nuestros hábitos y como el uso impropio del lenguaje es una constante, se habla también de tradición y lo cierto es que ha llegado para quedarse, como antes habíamos instalado otras fechas destinadas a consumir: el Día de San Valentín, el del Padre, de la Madre, Santa Claus, Reyes Magos. Seguramente para consumir tanto hay que tener una economía muy saneada que contraste con quienes, siempre involuntariamente, formen parte de esa estadística, también «tradicional», del aumento de paro en Marbella cada mes de octubre. Nos congratularíamos de que, en algún momento pudiésemos tener un &ldquooctubre negro&rdquo, algo que podría parecer negativo pero que, con el mismo significado de 'Viernes Negro' sería positivo: se refiere a que las cuentas de los comerciantes, en números rojos, pasan a números negros. Desde una perspectiva positiva, puede deducirse, aunque no siempre sean causa y efecto, que la aglomeración en las grandes superficies y la afluencia al Casco Antiguo, anuncia un aumento de contrataciones para la campaña de Navidad y que tendrá su reflejo positivo en posteriores estadísticas. Pero el verdadero indicador de que llega el tiempo de mayor consumismo del año, sigue siendo el encendido del alumbrado de Navidad y para eso falta un mes, aunque ya estamos rodeados de polvorones, mazapanes y 'panettones', que también nos llegó de fuera para quedarse.

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