Teruel en la Axarquía

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

La luz que proyectan los atardeceres rojos del Mediterráneo sólo parece hacer efecto en una parte de la costa, la Occidental. Porque a veces da la sensación de que, por el otro lado, sólo sale el sol para alumbrar el sector subtropical, el descanso del guerrero nacional durante los veranos y, si acaso, alguna estampa de nieve en la Maroma cuando una ola de frío polar nos rompe los esquemas.

Viene esto a cuento del debate reabierto a propósito de la conexión ferroviaria con Marbella. Más allá de dilucidar si debe ser una línea de Cercanías o un tren de altas prestaciones, lo cierto es que cuando en los años de burbuja e inversiones millonarias se hablaba del tren litoral siempre se pensaba en una línea que cruzara de extremo a extremo la provincia. La clase política suele tener memoria de pez, pero no hay que remontarse muy lejos en el tiempo para rememorar aquellos discursos solemnes que hablaban de un tren que, decían, iba a atravesar «de Nerja a Manilva». Incluso desde el PP, algunos de cuyos dirigentes cuestionan hoy en privado la necesidad de que Málaga cuente con metro, un veterano como Francis Salado llegó a impulsar la campaña 'Sí al metro a Torre de Benagalbón', el último núcleo oriental de Rincón de la Victoria.

Quizá ni el hoy alcalde del municipio ni los responsables de la Junta lo recuerden, pero hasta hubo un compromiso de la Consejería de Obras Públicas para que la línea 3 del suburbano tuviera parada en este punto de la Axarquía. Claro que luego llegó la crisis con todos sus escombros y los mismos dirigentes que, como Romanones, prometían puentes incluso donde no había ríos, empezaron a sepultar todos los proyectos y sellaron el fin de lo que Enrique Salvo Tierra calificó el otro día con acierto de 'década prodigiosa' para las infraestructuras. Y así fue cómo a muchos nos fueron despertando del sueño de vivir en un área metropolitana que, a las puertas de la Axarquía, iba a funcionar como ciudad dormitorio de la capital y a la que no le iba a faltar ni una sola conexión necesaria para vertebrar la ciudad donde trabajamos y el pueblo donde descansamos.

Hoy, los alcaldes de esa comarca de mangos, aguacates y prosperidad tecnoalimentaria empiezan a hacer un frente común para alertar: no quieren terminar siendo la «hermana pobre» de la provincia. En cierta medida, recuerdan a aquella histórica campaña de 'Teruel también existe', con la que la ciudad aragonesa se reivindicó ante un país que pasaba de largo por su puerta camino de los Pirineos o de la cornisa cantábrica. La Axarquía quiere su tren, claro que sí. Porque los que vivimos de Rincón hacia Nerja también somos malagueños y necesitamos sentir que, salvo que nos hayamos desorientado, Teruel sigue estando a 700 kilómetros.

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