El 'tercer estado'

IMANOL VILLA

Hay quienes se inquietan porque el PSOE de Sánchez ha virado a la izquierda. Tiemblan también cuando le ven junto a Iglesias. Y maldicen que el socialismo español, tan pragmático él, desempolve el puño, la rosa y la 'Internacional'. No deberían preocuparse. Proclamar un giro a la izquierda por parte de los que ya vienen de la izquierda no es más que un ejercicio de redundancia política que solo sirve para satisfacer los oídos de aquellos que se califican como progresistas. Bien lo sabe Pedro, para quien la verdadera apoyatura de cara a recuperar el poder no es otra que la clase media. Sí, la clase media, la misma golpeada, ninguneada y despreciada hasta el límite durante los peores años de la crisis. La clase media, esa fracción social, ese 'tercer estado' numeroso y extremadamente funcional al sistema, que necesita oír hablar de la izquierda, pero que rechaza cualquier atisbo revolucionario. No, hay que estar tranquilos. Lo de Pedro no es una revolución. Es un intento de recuperar la estabilidad a través de reinventarse la conexión con la mayoría social .

Por ello, Pedro y los suyos deberían tener muy presente que la paciencia de la clase media española no es ilimitada. El caso francés no es una mera anécdota. El PSF se ha hundido y sus oficiales corren a lanzarse por la borda pues ya no queda mucho por lo que luchar. Véase la huida de Valls. Cautivos, desarmados de ideología y humillados, los socialistas franceses han sido víctimas, no solo de la penosa gestión de Hollande, sino de su incapacidad para mantener la ilusión de la clase media francesa para la que lo único válido es el mensaje de que todo permanece y nada va a cambiar, ya que en lo más profundo de su conciencia colectiva está ese instinto de supervivencia que le dicta que lo mejor es estar o, a lo sumo, aspirar a mejorar, pero con seguridad. Los socialistas franceses no lo entendieron y, por el contrario, sí lo interpretó bien Macron. El líder de En Marche! no prometió quemar de nuevo la Bastilla sino mantener en su lugar la Revolución de 1789 y asegurar las rentas de la misma para el futuro.

Esa y no otra es la lección que debe aprender Sánchez. La clase media española quiere seguridad, límites, certidumbre en el futuro. Es el pago a cambio de su fidelidad para con el sistema surgido de la Transición. De lo contrario se entregará a los populismos que, no lo dudemos, tarde o temprano llegarán multiplicados porque por estos lares todo llega con retraso y con las mutaciones pertinentes. Aclaremos entonces que el giro a la izquierda no es más que una especie de revolucionario octubre del 17 a la medida de este 'tercer estado' contemporáneo, sin toma del Palacio de Invierno y sin policía política. Una revolución quieta y callada consistente en trabajo, seguridad en casa y en la calle, una buena educación, una sanidad eficaz y, en lo posible, los mejores cuidados paliativos a las puertas de la muerte. ¡Ah!, y acabar de una vez por todas con los corruptos y con los que no pagan a Hacienda.

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