Teorías de Regino

Nuestro rider mijeño es la mejor juventud

JESÚS NIETO JURADO

Hay esa juventud de Regino Hernández que nos hace hasta orgullosos del carnet de residentes en la Tierra, que diría el maestro Manolo Alcántara. Sana España que se desliza por un desmonte granatí, que se deja barba y mola, que le suelta un taco cachondo a un periodista de La Primera y se emociona con el himno sin letra que quizá sea el más nuestro, a pesar de los desvelos creadores de mi Marta 'musa' Sánchez. Hay otros deportistas que lucen en calzoncillos en los chaflanes grandes en las grandes superficies, pongamos que por La Alameda o Ricardo Soriano, y que parecen vender unos valores y lo que hacen es vendernos un calzoncillo o la filantropía dudosa de un banco alemán. #valors. Pero Regino Hernández, nuestro malagueño por las nieves de Corea, se atusa una barba que no luce por adscripción a no sé qué modas urbanas, sino porque le da la gana y punto y no hay nada más que añadir. Entre los deportistas sosos y los pagados de sí mismos nos sale Regino, hilando las columnas de Hércules y con una tabla en encerada en bronce y nos dice que el deporte es superación y echar un buen rato y una birra y una 'play' si se tercia. Quiero decir que no he tenido tiempo de perfilar/homenajear en esta columna a nuestro paisano, y ya era hora de que saliese un paisano majo en estas prosas de lunes. Porque esa obsesión del malagueño de a pie con Sierra Nevada provoca una coyunda triunfante, que en Pradollano merecemos los malagueños una estatua por tantos talentos que van y vienen con la tabla. Pero Regino, insisto, se ha emocionado con el himno y se siente orgulloso y limpio de una España que quiere ser a pesar de que los del lacito amarillo vean a la patria en rebajas de sí misma. Después, claro, el recuerdo de Regino a los Ochoa, que el triunfo de un español, de un hijo del terral en deportes de nórdicos siempre tiene ese regusto a machada y a espíritu de Juanito o de Julio Jiménez, cada uno en lo suyo y que en gloria estén. Ahora que España recuerda a Pablo Ráez, conviene emocionarse por estos jóvenes que vienen a darnos lecciones calladas de esfuerzo y de dignidad.

En esta provincia los tipos de mi quinta pintan mucho y bueno, y es menester de este humilde cronista el ir glosando a los que como Regino van tras un sueño y lo agarra. Quizá Regino sea la viva imagen de esta tierra dinámica, la nuestra, con simpático descaro y un 'buenrollismo' que se contagia. De Regino habría que aprender mucho -y no miro a nadie- en las cosas del deporte y en las de la vida. Un buen tío, según las últimas estadísticas y las últimas portadas y según mi amigo Batman, que hace algo de snow y vive en La Mosca. Habrá que entrevistarlo ahora que se lleva el mamoneo del coaching. Y si me lee, que me lleve un día a pegar cuatro saltos encima de su tabla. Eso.

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