Tecnoburócratas

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Desde distintos sectores de la administración y de la empresa privada malagueña, así como desde no pocos ámbitos públicos, se está advirtiendo de un aumento de la burocratización de todos los estamentos que pueden llevarnos al desastre. Bajo el estigma de la 'transparencia' (que no debe faltar, nunca, pero tampoco hay que equiparar ese término con el de paralización) se están poniendo tal cantidad de rémoras y de inconvenientes incluso a los proyectos más simples que pueden ser muy negativos no sólo para nuestro futuro, sino también para el presente. No es un problema local, o sea no es algo que afecte a Málaga tan sólo, sino a España e incluso a toda Europa. Bajo la presión del populismo más barato, que en cada país del Viejo Continente se presenta de una forma o de un extremo u otro, se ha entrado en una absurda espiral que puede colapsar los mecanismos más simples del desarrollo de proyectos y el trabajo diario de las administraciones. Está claro que no puede existir un 'que cada uno haga lo que quiera', pero tampoco una fiscalización que llega al absurdo bajo el epígrafe de 'cuidarlo todo al mínimo detalle', que llega a que intervengan cuatro personas para la compra de un lápiz en un servicio público local de cuyo nombre mi amigo Salvador no quiere ni acordarse... Hay sectores que los padecen más que otros, pero sorprende que por ejemplo, los profesionales y empresarios turísticos alerten de lo que consideran un 'muro de papeles' por parte de la UE que está perjudicando muchísimo a una de las industrias más potentes de Europa, porque es en este continente donde se producen más entradas de turistas sumando sus grandes potencias, como Francia, España, Italia o Gran Bretaña. No sólo se han parado las ayudas y convenios, sino que la fiscalización está llegando a extremos tales que muchas empresas han decidido cambiar su estrategia y renunciar a los mismos. Mientras en los países de otros continentes, bajo la eclosión de los nuevos medios tecnológicos, se está produciendo una evidente mejora en sus procesos administrativos, aquí en Europa, y concretamente en España, vamos para atrás como los cangrejos, presionados por un falso pudor de que todos somos malos y que todo lo hemos hecho mal. Nunca podemos fiarnos de los 'salva patrias', porque generalmente han sido los mayores dictadores de derechas y de izquierdas que ha padecido el mundo, pero aquí, en esta Europa de nuestros amores nos ha entrado un enorme complejo de la mano de los que han aparecido en la escena política y social como los nuevos 'purificadores' de la verdad y de la vida, como si la verdad y la vida hubiera existido nunca antes en la historia de un continente que ha sido siempre ejemplo y guía, y que ha resurgido varias veces de sus cenizas. España (y la UE) ha entrado en un peligroso carrusel burocrático y de fiscalización, que está ahogando a propios y a extraños. Mientras, en otros países fuera de nuestro continente se está produciendo un efecto dinamizador con el objetivo de estar a la altura de los trepidantes tiempos que nos han tocado vivir, aquí lo estamos haciendo al revés, y eso no nos puede ir bien, y encima en España y en Málaga nos llevamos la palma...

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