No han pasado ni cuatro meses desde que ocurrió el incendio de Pedrogão Grande en Portugal y nos encontramos de nuevo ante una oleada de incendios con graves consecuencias en este país, en Galicia y en Asturias. Desgraciadamente, los recientes incendios forestales ya se han cobrado la vida de 34 personas en Portugal y cuatro en Galicia. La mitigación y reducción de los incendios son algunos de los retos a los que nos enfrentamos de manera recurrente cada verano, aunque esta tendencia está cambiando.

Los expertos de la ONU han constatado que el calentamiento global exacerba los incendios con especial relevancia en el sur de Europa y la Península Ibérica. Los efectos del cambio climático están produciendo el aumento de la temperatura media, en 0,5 grados/década, haciendo que las áreas húmedas sean cada vez más húmedas y las áreas secas cada vez más secas. En el caso concreto de España, el aumento de las temperaturas y el descenso del nivel de precipitación está incrementando exponencialmente la probabilidad de que haya incendios forestales y, una vez iniciados, sean más intensos y más devastadores.

Cada vez que se inicia un incendio, el fuego pone en evidencia carencias en las políticas que se implementan, como el progresivo abandono rural, la escasez de presupuestos destinados a prevención o la poca atención que se le presta al factor social, responsable del 96% de estas catástrofes. Sin embargo, en vez de quedarnos de brazos cruzados identificando las carencias, está en nuestras manos dar un paso hacia adelante y tomar medidas. En este sentido, resulta imprescindible realizar un análisis de la gestión realizada tras cada incendio identificando y reflexionando sobre lo que ha funcionado bien y lo que no, con el objetivo de mejorar la preparación de futuros siniestros.

Este proceso de reflexión y de identificación de lecciones aprendidas y buenas prácticas no debe acabar ahí. Debe transformarse en acciones de mejora. La diseminación de este conocimiento entre expertos involucrados, tanto a nivel local como internacional, es crucial para mejorar el nivel de preparación y cooperación entre países. Por ejemplo, países como Portugal e Italia se enfrentan cada año al mismo problema. Es necesario aunar esfuerzos y recursos encaminados a aprender e intercambiar buenas prácticas que han funcionado en otros países, además de analizar lo que no ha funcionado y su por qué.

Por otra parte, no hay que olvidar que la gran mayoría de los incendios son provocados por el hombre. En relación a esto también podemos tomar medidas y trabajar en un pilar básico para la lucha contra los incendios como lo es la concienciación ciudadana. Actualmente, los esfuerzos institucionales para fomentar el voluntariado en labores de apoyo en incendios forestales son limitados, lo que supone una infrautilización de capacidades y conocimientos de personas dispuestas a colaborar y tomar acción. La limpieza de montes, así como la identificación de zonas de alto riesgo son aspectos que se pueden mejorar con un alto compromiso por parte de la sociedad. Por este motivo, divulgar lecciones aprendidas, promover programas de sensibilización y poner en marcha programas de intervención social son medidas en las que no se debería dejar de pensar.

La quema de los recursos naturales es un problema de máxima importancia que afecta a toda la sociedad y ha de trabajarse desde la absoluta implicación de todos los agentes sociales e institucionales.

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