Tanques por encima

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

El reconocimiento justo que los ejércitos realizan en las llamadas misiones de paz y diferentes tareas encomendadas para facilitar y favorecer el bien común, no puede cerrar nuestra sensibilidad a las atrocidades que la guerra ofrece un día sí y otro también.

Lo último puede estar ocurriendo en este momento y ni siquiera quizá seremos conocedores. Pero este fin de semana las imágenes del cuerpo de una mujer soldado ensangrentado y atrozmente mutilado, maltratada por los rebeldes aliados de Turquía, país que pretende entrar en la Comunidad Económica Europea, hiela el corazón. La chica yace en el suelo rodeada de hombres vestidos con uniforme militar de campaña. La parte superior de su cuerpo se muestra desnuda y se aprecian mutilaciones y cortes en sus pechos y órganos genitales.

¡Lo que puede llegar a ser capaz de hacer el ser humano! Los horrores de la guerra encuentran en la mujer una víctima más del catálogo de barbaridades capaces de alcanzar el hombre. Las violaciones como armas de guerra están a la orden del día. Como otras tantas torturas.

Desgraciadamente otro episodio donde la mujer es objeto de abuso ha tenido lugar, presuntamente, en nuestra provincia. Un cóctel de alcohol sirvió de preámbulo a la violación que denuncia la policía del ejército español destinada en el acuartelamiento aéreo de Bobadilla. Cree que le echaron algo a la cerveza, que fue drogada. «Como un cacho de carne» decía que se sentía esta militar malagueña de 35 años. Hubo un antecedente en septiembre de 2017, hubo un compañero que intentó tener sexo con esta soldado. La mujer no denunció los hechos por vergüenza. Ahora sí, ¡bien!

No quieres imaginar lo que serían capaces de hacer estos hombres que abusan de una compañera si se encontrasen en zona de conflicto, en zona de guerra. Que sí, que son cuatro desalmados y salvajes, pero son. Las atrocidades de la guerra encuentran vía libre ante un escenario donde muerte y vida, violencia y agresión se citan. Satanás coaligado con quien es capaz de lo más ruin, anda suelto en la guerra. El mal necesita aliados a los que no importen sentir la sensación que se experimenta en un tanque cuando pasa por encima de cadáveres o mujeres usadas al antojo de los más viles instintos. Menos mal que como dijo George Siemens íbamos a ser la última generación que sería más inteligente que sus máquinas.

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