El tanguista Fernández

El sol debe salir para todos, sí. Aunque algunos se han ganado que su ventana tenga rejas

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Llegó a la orilla de los Andes para hacerle la vida mas llevadera a la gente del lugar por medio del coaching. Detrás de él, como Pulgarcito, fue dejando unas migas de pan para no perderse. Las migas de pan de Fernández eran billetes de quinientos, y siguiendo su rastro la familia iba a verlo. A llevarle las cosas de la patria que le gustaban, los sabores añejos. Igual que se hacía con los soldados que se iban a la mili. Paquetes para el niño. El niño es ahora un tipo fondón que según dicen no se ha operado para cambiar de aspecto. Eso se lo ha dejado al tiempo, que lo ablanda todo. Quiere el hermano y abogado de Fernández que también el almanaque ablande a la Justicia y que las leyes que su hermano y cliente vulneró hayan cerrado su herida.

Once años no son nada para un tanguista pero los hermanos Fernández están de acuerdo en que para la Justicia son una eternidad. Fernández bailó 'La cumparsita' bien agarrado a Jesús Gil mientras Juan Antonio Roca tocaba el bandoneón malayo y los títeres del gilismo entraban y sacaban bolsas de basura repletas de billetes esquilmando las arcas y la moral de Marbella. Mientras sus compañeros de latrocinio iban compareciendo ante los jueces, Fernández aprovechó esos primeros momentos de barahúnda policial y judicial para poner tierra de por medio. Las mudanzas no le eran ajenas a este concejal que había dejado el partido de Gil para abrazar la bandera blanquiverde del andalucismo. Eso sí, haciendo un juego permanente de ida y vuelta y facilitando las estrategias financieramente antropófagas de su antigüo jefe.

Peregrino devoto, dijo estar en el el camino de Santiago cuando fue requerido para comparecer ante la señora de la balanza. El camino se le hizo largo. Once años. Un matrimono argentino, unos niños con acento melodioso. La orden internacional de su búsqueda se emitió unos años después de que desapareciera. Quizás las autoridades pensaran que seguir la ruta del apóstol merece un tiempo. O tal vez, según dicen los malos pensados, es que Fernández había hecho ante la policía un arduo trabajo de garganta profunda. A saber. En cualquier caso, la detención/entrega de Fernández nos devuelve a un tiempo funesto. Gil y su cuadrilla fueron el anticipo de un populismo barato, el disfraz político con el que los mafiosos o los totalitarios vienen actuando en los últimos años por todos los rincones del planeta. Embusteros profesionales que a fuerza de repetir mentiras inventan una realidad paralela. Un trampantojo con el que distraer a los incautos mientras les aligeran el bolsillo y la cabeza. El propio padre de Fernández camuflaba hace un tiempo la situación de su hijo al declarar que Carlitos estaba exiliado por disconformidad con el sistema. El pobre. «Al cotorro abandonado/ ya ni el sol de la mañana/ asoma por la ventana», dice 'La cumparsita'. El sol debe salir para todos, sí. Aunque algunos se han ganado que su ventana tenga rejas.

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