Sin ir más lejos

El sueño del loro choclero

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Si la ciudad no se adapta a nosotros tan rápido como quisiéramos habrá que buscarse sitio en la lenta mejora hasta cantar victoria. El darwinismo urbano sigue siendo un reto para las personas, pero no para el loro choclero, la nueva especie que ya nace, engorda y anida en el Parque de Málaga sin que haya tenido que esperar planes públicos de atracción de talento. Y encima, IBI gratis. La globalización y las pajarerías nos han traído, como nos cuenta Ignacio Lillo, estos exóticos vecinos que se emancipan del Amazonas sin mayores problemas mientras que no paran de aumentar para los malagueños, que hemos de aplicar inteligencia de cuervos aún durante varios años para movernos entre las balizas de las obras del metro. Bajamos hace tiempo de los árboles, aunque soñamos con los de navidad en estos días. Son chinos y al loro choclero, tan adaptable, tampoco le importaría hacerse con uno. Pasear por el Centro incluso sin árbol sería imposible estos días si no fuera porque los buenos deseos convierten el tradicional pisotón en un test de supervivencia para entrenar la cortesía. La necesidad crea el órgano, aunque te aplaste un 45. En diciembre los centros no cambian de tamaño, pero les cae encima una prueba de resistencia como artefactos capaces de digerir sin límite visitantes, coches y comidas de empresa. Hace tiempo que el espacio noble en las ciudades entró en la categoría de bien de consumo, pero su promesa de relax se ha vuelto tan engañosa que hay hasta quien la busca todo estresado porque trata de llegar en coche. Las calles y parkings se colapsan de personas originales aunque lleguen en autobús que se preguntan cómo es posible que tanta gente haya elegido hacer lo que ellas al mismo tiempo. Eso pasa también en las colas que se forman la Sagrada Familia o en las que crea el 'efecto led' de calle Larios. Se puede ir a ambos sitios con idea de disfrutar con los sentidos, pero lo más probable es acabar con sobredosis visual de espaldas y cogotes como en un metro en hora punta. Larios y adyacentes es la aglomeración humana más grande de Andalucía, un faro navideño del mediterráneo, y a ese paso no hay que descartar la 'solución Carmena': doble sentido peatonal para que el territorio del oh! colectivo pueda ser mínimamente visitable. Eso no es incompatible con que la estatua del marqués se trasmute en antena pionera para el inminente 5G y así se pueda digerir también tanto tráfico digital de selfies y whatsapp. La aspiración del espacio amable de calles y plazas del Centro queda atrás y es ya un souvenir virtual con la secreta ensoñación de que la historia pueda dar una vuelta varios siglos y devolvernos un Centro sin coches. Queda la esperanza del loro choclero de colonizar con él la Alameda para movernos de un sitio para otro, aunque sea sin libertad, con carriles obligatorios para los peatones y un guardia atento por si vamos en dirección contraria. Pasear tampoco va a ser ya lo que era.

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