El sueño de Kohl

POR AHORA

Cuando el paso del tiempo hace borrosos los recuerdos y el brillo de las orondas manzanas de nuestros frutales deslumbra con su belleza y abundancia, corremos el riesgo de creer que siempre han estado ahí.

JOAQUÍN RAMÍREZ

Se fue Kohl, un político grande en todos los sentidos nacido en 1930 que, a la luz del inmenso desastre de la II Guerra Mundial, concibió la política como una forma de cooperar con generosidad y altura de miras, desterrando la violencia. Su carrera fue coronada con la ansiada reunificación alemana.

Cuando se hace balance de una vida el resultado nunca es matemático. Hoy día sabemos que ni siquiera las matemáticas son exactamente aritméticas, así que al poner en valor un matiz o una experiencia y despreciar otro exponemos lo visto siempre de forma incompleta y su sesgo es revisable.

La historia, nuestra historia, está más cargada de errores que de aciertos. Cuando los acontecimientos transcurren, los logros pasan a inventariarse con la fortaleza de su éxito y los errores –salvo los más sonados y nefastos– se enumeran como los simples jalones de un género menor. Las dos grandes guerras europeas, llenas de muerte y desolación, son la historia de la atomización de los estados nación. Cada país era como una religión, cada uno el verdadero, y nacido al mundo para arrasar o conquistar al vecino. De este modo, las alianzas siempre fueron circunstanciales y de conveniencia. Como está visto, la humanidad es capaz de las aventuras positivas más grandes y de las injusticias, crímenes y barbaridades más gigantescos. Tras la victoria de los aliados en 1945, los desastres y tanta sangre derramada para siempre dejaron un rastro indeleble e injustificable. La matanza de los judíos y otros muchos sucedidos incalificables han quedado tatuados en Occidente, tanto como el número de preso en los brazos o cualquier otra parte del cuerpo de los escasísimos supervivientes de los campos de exterminio. Sin olvidar el gas mostaza de la Primera Guerra ni los bombardeos con explosivos convencionales o atómicos de ciudades enteras en la Segunda.

Probablemente Kohl, hijo de aquella Europa fratricida y desoladora, aprendió de la muerte que, como un fantasma, paseó por su entorno desde que tuvo siete u ocho años. Dicen sus biografías oficiosas que ‘luchó’ como soldado alemán en la tristísima guerra mundial, pero el 2 de mayo de 1945 apenas había cumplido 15 años. Así que seguramente fue uno de aquellos niños soldado a los que los nazis pusieron el uniforme, siendo adolescentes –junto también a los más ancianos–, para resistir fallida y dramáticamente a la imparable invasión aliada que los hizo capitular definitivamente.

Helmut Joseph Michael Kohl fue canciller de Alemania entre 1982 y 1998, hasta 1990 de la República Federal Alemana y, a partir del 3 de octubre, de la Alemania reunificada. También fue el líder del Partido Demócrata Cristiano (CDU) entre 1973 y 1998. Durante los años de su mandato impulsó con gran acierto la marcha de Europa hacia la unificación política y monetaria, plasmada en la llamada Unión Europea (en vigor desde noviembre de 1993) –Tratado de Maastricht de 1992–, y su empeño e influencia en el Tratado de Ámsterdam (1 de mayo de 1999), que basó sus pautas en la libre circulación de los ciudadanos, el empleo, la política exterior, la seguridad y la justicia comunes.

Cuando el inevitable paso del tiempo hace borrosos los recuerdos y el brillo de las orondas manzanas de nuestros árboles frutales deslumbra con su belleza y abundancia, corremos el riesgo de creer que siempre han estado ahí. Olvidados los campos arrasados y baldíos, aún surgen nuevas élites que quieren recuperar soberanías universales para ampliar sus ambiciosos y desmedidos espacios de poder de torpe e infundada justificación. Son cantos de sirena que otros protagonizaron y que invariablemente lideraron las masas para llevarlas a la hambruna, el fuego y hasta la muerte. La manida globalización, con cuidado pero con decisión, es sin duda el camino de la igualdad y de la prosperidad del mundo. Europa es la más grande y primera experiencia de unión entre los pueblos para ser el mismo pueblo. Pequeños obstáculos como el Brexit sólo serán anécdotas en un futuro que acabará por explicarse y mostrar que los esfuerzos, la indecisión y hasta algún paso atrás, habrán merecido la pena. Personajes como Kohl –su gran aportación y huella– estarán en la nómina de esenciales autores del progreso, la justicia, la igualdad y la prosperidad, de Europa y del resto del mundo. Un hombre es sólo un hombre, pero con decisión y acierto y sumado a otros muchos hombres y mujeres más, puede cambiar la historia y el futuro de todos.

Honor para Helmut Kohl.

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