El suelo se hunde

En Málaga hay pavimentos que tienen más peligro que el recorrido completo del Caminito del Rey

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El hundimiento de los adoquines podría ser el título de algo sobre mayo del 68 pero en este caso vamos a mirar hacia abajo para fijarnos en un suceso más local y más pedestre. Todos hemos notado cómo el suelo restituido en la plaza de la Merced empezó a hundirse desde el minuto uno de su colocación y ahora el pavimento ha formado una pequeña cordillera que nos está saliendo carísima. Ya la primera obra costó unos cuatro millones y medio de euros, un pastizal con el que Pablo Iglesias podría haberse comprado ocho chalets con sus correspondientes 240 años de hipoteca.

Cabe recordar además que para emprender el 'chapú' se eliminó el adoquinado antiguo que jamás había dado grandes problemas. En la calle Ancha se está haciendo ahora mismo un trabajo similar. Recordarán cuando se cambió el suelo original de la calle Santa María por otro de un mármol carísimo, y con las primeras lluvias hubo que agujerearlo con un martillo hidráulico porque la gente se partía el lomo resbalando los días de lluvia. Quitar lo que lleva cien años funcionando para poner otra cosa peor y más cara debería estar penado, no sé si hasta el punto de que los políticos tuvieran que responder con su patrimonio, que es algo que está de moda para mandar callar a la oposición respecto a determinados proyectos urbanísticos.

La remodelación de la plaza fue el proyecto estrella de Francisco de la Torre para las elecciones de 2011 y era menester que se realizase rápido. Con todo y con eso la obra tardó el doble, tiempo suficiente para que el día de las elecciones el suelo ya luciera resplandeciente. Ahora sabemos que aquello fue un decorado electoral, un 'remake' de suelo, de obra y de vergüenza: solo unos meses después ya hubo que realizar mejoras y, como el Ayuntamiento se ha olido la papeleta, de un tiempo a esta parte se han encargado varios informes más. Todo esto por supuesto pagado con nuestro bolsillo, como si nos sobrara el dinero. La cuestión de fondo va más allá de esta monumental pero concreta chapuza, sino que estriba en que el suelo de Málaga es en general una auténtica ruina y una desfachatez. En Málaga hay pavimentos que tienen más peligro que el recorrido completo del Caminito del Rey. El paseo marítimo de El Palo es una zona catastrófica, parece que haya habido algún terremoto allí. No sé cuánto pagará el Ayuntamiento por indemnizaciones a los peatones pero hay que animar a todo el mundo a que denuncie, estimular la querella, porque al final de todo este despilfarro debería llevarse una parte la ciudadanía, que camina impávida y resignada mientras practica una forma involuntaria de equilibrismo. Duele saber cuánto dinero se ha gastado en el desastre actual que supone toda la plaza de la Merced en su conjunto. El general Torrijos tiene que estar nerviosito en su tumba. Cualquier día de estos le desenterramos.

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