Stranger things

Ana Barreales
ANA BARREALES

Reconozco mi fascinación por la polémica sobre si al Cristo Mutilado hay que ponerle piernas o no en función de si sale en procesión por la calle o por dentro del templo.

Entendería que el debate fuera sobre si hay que restaurarle las piernas al Cristo o dejarle tal y como está actualmente, dado que en una bula el propio Papa Pío XII autorizó sacarle en procesión. Lo que me resulta francamente difícil de comprender es que se pueda procesionar en viacrucis por la catedral sin piernas, pero, cuidado, que para salir más allá del patio de los Naranjos haya que ponerle las piernas.

En mi top ten de la semana está también el concepto de machismo del alcalde de Alhaurín de la Torre, que ha salido en defensa de la diputada Marina Bravo, que adjudicó contratos menores por valor de 190.000 euros a la empresa en la que trabaja su actual pareja y de la que es administrador el hermano de éste. Villanova ha dicho que a ella la atacan «por machismo». Mucho me temo que el alcalde de Alhaurín piensa que machismo es criticar a una mujer. No seré yo quien siga su lógica argumental, pero entonces feminismo sería criticar a un hombre. Y puede que de ahí venga su error conceptual.

Parece que Villanova se ha gustado como defensor de la mujer. Así que ha colgado en vídeo en su Facebook la argumentación, que no todo va a ser ver series en plataformas de pago. Y termina diciendo: «¿Qué culpa tienes tú de enamorarte?» Ahí queda eso. Ya puestos yo le pondrían una música de fondo al vídeo. Cualquier cosa de Alex Ubago o un pasodoble.

Y no puedo olvidar en este ranking semanal a Fernández Montes y su distinción entre los «gays serios y formales y los de baja estopa» (sic), que «ahuyentan el turismo familiar», que imagino que para él debe ser el no va más del turista top: hetero, casado y con dos niños. A ser posible, la parejita. Como le ha pasado ya unas cuentas veces la lió y tuvo que disculparse. Y no sé si es peor cuando ataca o cuando defiende, porque para demostrar que no tiene homofobia alguna se puso a hacer recuento de los gays que había incluido en su lista. Es de suponer que todos ellos de los que él califica de gays «serios y formales», de primera clase, vaya.

Me recuerda un poco a ese consejero del Gobierno de Cifuentes que distinguía entre los «niños pobres» y los «normales», al que hubo que explicarle que los niños pobres son completamente normales y que lo que no eran normales eran su palabras.

Resumiendo: tenemos un Cristo Mutilado al que, a lo mejor, le ponemos piernas para que salga en procesión; un alcalde que adopta un tono paternalista para defender a su concejala, mientras acusa a los que se meten con ella de machistas, y a un exalcalde que cada vez que habla del turismo LGTBI le sale una vena homófoba. No nos aburrimos.

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