YA NO HAY SORPRESAS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

CUANDO termina el trepidante verano en una zona turística como la Costa del Sol, que ha dejado atrás las multitudes que han acaparado nuestras calles, el mes de septiembre es para muchos la vuelta al remanso de paz. Por fin una cierta tranquilidad en la que todavía disfrutamos de un verano más suave y con visitantes menos dispuestos a romper unas relaciones tranquilas y beneficiosas para todos. Septiembre es otra cosa, dicen los viejos del lugar, poco dados a lo estrafalario y escandaloso.

Pero, mire usted por donde, hay veces que la actualidad se encarga de romper estos moldes y apuntar a actividades poco correctas que distorsionan el paisaje lánguido que se pretende al inicio del otoño. Sí, porque nadie puede remediar que le lleguen cosas que nunca han querido y que parece que ocupan el tiempo de una parte de la población muy alejada de la vida sencilla y cotidiana que pretende una mayoría. Sí, mayoría, esa que calla y mira esperando que no le caiga la lluvia ácida de los que se salen de la norma.

Este mes de septiembre nos ha traído, entre otras cosas, la situación de un huido de la Justicia como es el malayo Carlos Fernández, con toda la aureola que se le ha dado sólo por ser un burlador de nuestras leyes. Total, que más da, si es lo que estamos viendo en el Catabrexit durante la mayor parte del día durante todos los días, que de eso ya se encargan algunos medios audiovisuales que han perdido el norte de forma paralela a los dirigentes del «procés».

Pero mientras todos miramos directamente, o de reojo, hacia la convulsión catalana, sin saber que es lo que ocurrirá al final, también nos encontramos con lo que ocurre más cerca, y maldita sea la hora, vemos que nos pega otra vez de lleno el desarrollo de actividades que solamente benefician a unos pocos utilizando un escenario que es de muchos y que suele ser usado para grandes beneficios de unas minorías.

Las fuerzas de seguridad del Estado han llevado a cabo una serie de intervenciones, ordenadas por un juez, que afecta a una serie de ciudadanos rusos que tienen intereses económicos en varias empresas, en Marbella y Mijas, especialmente. Entre las intervenciones ha llamado la atención el registro de las oficinas del Marbella Fútbol Club y de las propiedades particulares de su presidente, un ciudadano ruso del que no se conocían de forma popular sus actividades, aunque parece que la Fiscalía tenía algunas ideas y por eso ha intervenido. En el momento de escribir estas líneas se siguen produciendo detenciones, aunque lo importante es saber el resultado final y tener en cuenta la presunción de inocencia, como siempre.

En los próximos días habrá que esperar la decisión de los órganos judiciales sobre las responsabilidades de los detenidos, si tienen que ver o no con el blanqueo de dinero o con la mafia rusa, pero también conviene no perder el norte. Alguna portavoz de la comunidad rusa ha llegado a manifestar públicamente que hay que tener en cuenta la labor en favor del deporte que han hecho algunos de los detenidos. Pues no, esa no es la razón, ni la excusa. Se trata de cumplir la ley, como se está exigiendo en Cataluña, y no aplicar métodos propios para conseguir objetivos personales que van en contra de lo establecido.

No sabemos como se desarrollará este caso en el que hay numerosas detenciones, pero hay que recordar que con el club de fútbol representativo de Marbella no es la primera vez que ocurren casos extraños, desde un presidente que dijo tener sesenta mil millones de dólares y que invertiría parte de ellos en el club, el ínclito Petrovich, que terminó siendo un desastre, a quien se hizo cargo del club y hasta se nombró a sí mismo entrenador, Benigno Vázquez, mientras concretaba sus negocios con Jesús Gil.

Lo de ahora es una nueva situación (ya no nos sorprendemos de nada) que nos ha vuelto a poner en primera linea de actualidad por lo mismo de siempre. Pero será cuestión de esperar, aunque en nuestro cerebro resuena una campanilla que nos dice que a ver si aprendemos de una vez.

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