La Rotonda

Solo el hospital, no

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Que en Málaga hace falta un nuevo hospital público lo sabe todo el mundo. La necesidad de construir ese edificio es indiscutible. A la Junta de Andalucía solo le queda una opción: aceptar la propuesta que formule el grupo de trabajo que estudia la situación sanitaria malagueña y ponerse manos a la obra sin perder ni un solo día en la ejecución de ese centro hospitalario. Aquí ya no cabe más demora. Hay que sacar adelante el proyecto como si nos fuera la vida en ello, que nos va, porque el actual Hospital Regional Carlos Haya no da más de sí; se encuentra más desfasado y caduco que el charlestón. La semana pasada, este periódico publicó en exclusiva que la opción que los expertos consideran mejor es erigir el hospital detrás del Materno Infantil, en los terrenos de la antigua Casa Cuna, donde está ahora el centro de innovación social La Noria de la Diputación. Nada que objetar. Hay que apoyar esa iniciativa para que fructifique y no se quede en el limbo como tantas otras cuestiones que, siendo positivas, no se llevaron a cabo por disputas estériles o por la falta de interés del que debería haberlas convertido en realidad. La Consejería de Salud, que asegura que aceptará lo que le proponga el grupo de trabajo, debe empezar a juntar el dinero e incluir una partida en los presupuestos para dar soporte económico al nuevo hospital.

La construcción de ese edificio es acuciante. Como el proceso puede durar entre cinco y ocho años, hay que preguntarse: ¿y mientras tanto qué? Porque la sanidad pública de Málaga no puede esperar hasta que el nuevo hospital abra sus puertas para resolver viejos problemas que perjudican a pacientes y profesionales. Entre esas prioridades están las urgencias de Carlos Haya (obsoletas, sin intimidad para los enfermos, pequeñas y, por decirlo en una palabra: impresentables); renovar equipamientos de la época de Maricastaña que funcionan un día sí y otro no (hay ecógrafos que cuando se averían no hay dónde encontrar piezas de recambio de lo viejos que son); reducir las listas de espera diagnósticas y quirúrgicas; corregir el déficit de las plantillas contratando más profesionales y potenciar los servicios sanitarios públicos. Todo eso hay que solventarlo antes de que el hospital funcione. Planificar el futuro es prioritario, pero hay que mirar el presente y evitar los errores cometidos en el pasado. Es mucha la tarea que la Consejería Salud tiene por resolver. Su obligación, en aras del beneficio de los ciudadanos, es efectuar ese trabajo con rapidez y eficacia. No es mucho pedir hacer las cosas bien.

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