LA SOLEDAD POR LA TECNOLOGÍA

JOSÉ MANUEL BERMUDO

CUALQUIER persona que haya vivido en Marbella durante algunos años, pero que haya estado ausente de la ciudad en los tres o cuatro últimos, habrá comprobado que el paisaje urbano no es el mismo. No es que tenga que ver con el derribo de edificaciones y la construcción de otras nuevas, que también, sino que las que ya estaban levantadas ofrecen nuevas visiones a visitantes por los cambios que se han producido en sus plantas bajas, o lo que es lo mismo, en el lugar destinado a locales comerciales.

Con el paso de los años, pero cada vez de forma más rápida, el cambio de destino de estos locales van definiendo la actividad comercial de un pueblo, que posiblemente siga la tendencia general en un país. Pero en una zona turística se suele notar más vertiginosamente, porque los negocios se mueven con una mayor agilidad, notando las tendencias de mercado e, incluso, adelantándose en muchas ocasiones.

Cuando llegaron los años de la eclosión turística, allá por los sesenta del siglo pasado, las avenidas principales de la ciudad, sobre todo Ramón y Cajal, se llenaron de cafeterías en las que los turistas veían el panorama y, sobre todo, se dejaban ver, sentados en amplias terrazas que marcaban, en cierta forma, como estaba el panorama. También era una manera de averiguar las tendencias de la moda, sobre todo el largo de la falda que nuestras visitantes exhibían, sin que nadie esgrimiera connotaciones machistas para calificar la situación, como tampoco se hacía con la aparición de los primeros bikinis.

La cafetería Salduba era toda una institución, junto al Sport y a la cafetería Madrid, que se habían situado en el centro del pueblo y donde antes se levantaron los primeros hoteles de la ciudad, de condición mucho más modesta de los que vendrían después.

Esa tendencia de la época de instalar establecimientos señeros culminó cuando los bancos comenzaron a acaparar los mejores locales para instalar sus oficinas. Se pasó entonces a disponer de unas amplias aceras por las que los peatones hemos circulado con amplitud, porque los bancos no necesitaban terrazas para conseguir beneficios. Siempre se ha dicho que Marbella ha sido una de las poblaciones españolas que ha tenido más oficinas bancarias por número de habitantes que cualquier otra ciudad. Pero, además, las tenía muy concentradas, casi todas ellas en una escasa distancia en las avenidas céntricas. Mas adelante fueron ampliándose en las barriadas, aunque solamente tuviesen a un empleado.

Pues bien, en los últimos tiempos se esta produciendo un proceso inverso. Las pequeñas entidades comenzaron a desaparecer primero y, ahora, como es fácilmente comprobable, también algunas oficinas centrales han desaparecido y se encuentran a la espera de nuevos inquilinos. Y estos cambios se han producido silenciosamente, como si tal cosa, sin ni siquiera una opinión de los empleados que ya no están.

Los usuarios de estas oficinas han visto restringido el campo de acción del banco y acuden a la sucursal que queda, sacando el número correspondiente y esperando a que le toque. Además, se suelen encontrar con la asignación de un gestor desconocido al que hay que contactar previamente por internet para ser recibidos. Nada del antiguo compadreo en el que quedabas por teléfono con quien te había atendido toda la vida y nunca te coló unas preferentes.

Casi todo se deriva a los cajeros automáticos o a las operaciones por internet, lo que explica que los bancos sean las empresas que más trabajadores han despedido o, en todo caso, se han desprendido de ellos por continuos 'Eres'. La consecuencia es que todavía hay personas que se encuentran impotentes y solas a a hora de realizar sus trámites porque les pilló tarde el cambio tecnológico. Personas mayores que están solas de por sí y que se enfrentan a una máquina para resolver sus asuntos diarios, aunque solamente tengan una pensión mínima. Son las mismas que no tienen fórmula alguna de entenderse con empresas telefónicas que te derivan con sus robots parlantes a caminos interesados y nunca a los pretendidos por el cliente. Esa soledad, en la época en la que nos encontramos, que debería ser la de la facilidad de la comunicación, por los inmejorables medios que tenemos, se vuelve del revés y, a veces, hasta nos convierte en vulnerables. Al final se va a cumplir antes de tiempo la 'profecía' sobre el 'Gran hermano' y las máquinas determinarán nuestro camino. Por favor, pongan alguien con quien conversar, aunque sea un chino, que, por cierto, son los que han comprado los grandes locales desalojados por los bancos. Pronto lo verán.

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