Sobrevivir para convivir

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Vivimos tiempos extraños, en los que nada coincide con lo que esperábamos. Hace unos meses éramos muchos quienes creíamos, unos con esperanza y otros con temor, que si el presidente de la Generalitat entraba en la cárcel, o se veía en la tesitura de tener que huir del país para evitar ir a prisión, saldría de la cárcel, o regresaría del extranjero, aclamado por el pueblo catalán e investido automáticamente como presidente de la República Independiente de Cataluña. Sin embargo, el señor Puigdemont sigue en Bruselas y el señor Junqueras en la cárcel, y las elecciones, lejos de ofrecernos la imagen de un pueblo unido para rescatar a sus líderes, nos han mostrado a un pueblo partido en dos mitades enfrentadas. Es más, frente a la idea bastante extendida de que el sacrificio por la patria es la semilla de la que nace la gratitud del pueblo, resulta que ha tenido más votos el huido señor Puigdemont que el encarcelado señor Junqueras, y cualquiera diría que la vida en la cárcel es más sacrificada que asistir a la ópera en Gante.

Por otro lado, mucha gente pensó inicialmente que la solución del presidente Rajoy para restaurar la legalidad en Cataluña, convocando rápidamente unas elecciones, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, le daría grandes réditos políticos, si no en Cataluña, sí en el resto de España. Lo extraño no es que los resultados del PP hayan sido calamitosos en Cataluña, sino que los de Ciudadanos, que ha tenido una posición aún más radical, hayan sido tan buenos. Y más extraño aún es que, lejos de recibir el premio en el resto de España, las encuestas muestren una significativa bajada general de los apoyos al PP en beneficio de Ciudadanos.

Por mi parte, he de reconocer que estaba, y sigo estando, convencido de que la estrategia del señor Iceta es la que más conviene a la sociedad catalana: unir a las dos identidades nacionales que viven en Cataluña en una comunidad cívica. Sin embargo, el resultado de los socialistas ha sido decepcionante. Los socialistas comparecieron con una propuesta de solución, pero la mayoría de los electores unionistas, en lugar de votar a quienes ofrecían una solución, prefirieron a quienes subrayaban el problema. Es como si quienes votaron a la señora Arrimadas pensaran que, para convivir, primero hay que sobrevivir. Identitariamente hablando, claro. Quienes votaron a Ciudadanos priorizaron el derecho a vivir su identidad nacional, en su caso de catalanes que también se sienten españoles, a las fórmulas para convivir con la otra identidad nacional. Es algo que los independentistas pueden comprender muy bien, porque es lo que llevan haciendo desde hace mucho tiempo. Quizá, vaya usted a saber, el mayoritario voto del electorado unionista a Ciudadanos era algo más que una mera cita de esos versos del poema Patmos, de Hölderlin, que dicen: «allí donde hay peligro crece lo que nos salva». A lo mejor, para que todos vean la solución, es necesario que todos comprendan el peligro.

En fin, que dado que nada es como esperábamos, quizá deberíamos empezar a esperar otras cosas.

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