El Rey, en su sitio

A cada uno lo suyo

Felipe VI no cuenta con la legitimidad democrática, solo la dinástica que le sirve para ejercer funciones tasadas

PEDRO MORENO BRENES

El Foro Económico Mundial es una fundación con sede en Ginebra que organiza una asamblea anual en Davos (Suiza). En estas reuniones concurren dirigentes del mundo de la política, de las finanzas y de otros sectores relevantes de la sociedad para analizar los problemas de mayor envergadura que afronta el mundo. Nada que objetar, que hablen, pero que no pretendan organizarnos la vida como los del Club Bilderberg, la trilateral y otros foros de 'selectos' que pretender arreglar desastres que en ocasiones han causado alguno de ellos con su afán desmedido de lucro. No sobraría que los organizadores pagarán los cuantiosos gastos de seguridad en su integridad (que comparten con las autoridades suizas) o que fueran más selectos con sus invitados (evitando a un genocida como H. Kissinger u otros de similar calaña).

Se trata de una reunión de enorme relevancia mediática, pero de carácter privado. No es una cumbre organizada por la ONU, la UE o un Estado, debido a lo cual me ha sorprendido la presencia de Felipe VI para pronunciar una conferencia en el Plenario sobre 'presente y futuro de España y Europa'. El art. 56 de la CE dice que el Rey es el Jefe del Estado y asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, es decir, nos representa en el marco de las relaciones entre Estados, asistiendo a una toma de posesión o a una reunión internacional a efectos meramente protocolarios, pero no es su papel expresar la posición de España en una reunión privada donde, si alguien debe pronunciarse en temas concretos y con posturas políticas, es el gobierno de la nación, en el caso de que acepte la invitación, pues nada le obliga a ello.

El gobierno de turno en cada momento ha decidido quién acude, y es significativo que el rey emérito nunca asistió, como tampoco lo han hecho los reyes de las monarquías parlamentarias, a diferencia de otros jefes de Estado, que son elegidos directamente por sus pueblos o por los parlamentos. Y esto tiene su sentido ya que, nos guste o no (y a mí no me gusta), Rajoy, elegido presidente del Gobierno por el Congreso, cuenta con la legitimidad democrática («la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado», art. 1 de la CE). Felipe VI, sin embargo, no refleja legitimidad democrática alguna y solo cuenta con la legitimidad dinástica (art. 57.1 de la CE), que le sirve para ejercer sus funciones, que son tasadas y no deben ser sobrepasadas, como entiendo que ha ocurrido en Davos-2018. La responsabilidad de este desatino es del Sr. Rajoy, el mismo que cuando le preguntan por qué no inició una investigación interna sobre la corrupción en Valencia, contesta: «Bueno, la investigación interna ya la están haciendo los jueces». Genio y figura.

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