El síndrome del top manta

JUAN CARLOS VILORIA

Los incidentes desatados estos días en el barrio madrileño de Lavapiés a raíz de la muerte del senegalés Mame Mbayé me han recordado otros tiempos. Hace años tomando unos vinos con el añorado alcalde Iñaki Azkuna se nos acercó un mantero con sus quincallas a la barra del Kirol, donde poteábamos en el centro de Bilbao. Sorprendido en su contradicción de autoridad municipal y la bonhomía natural, Azkuna se puso serio y le dijo al 'iñaki': «¿Pero tu no sabes que esto está prohibido? Anda lárgate antes de que llame a la policía municipal». Y seguimos dándole al Verdejo. El desaparecido mejor alcalde del mundo comentó en el grupo: «Es que luego se me quejan los comerciantes, y con razón». Entonces el conflicto todavía era manejable. Los subsaharianos se movían con su mercancía por los bares y cafeterías en un número anecdótico. En unos años, toda la costa mediterránea con Barcelona como epicentro y las grandes capitales españolas, especialmente Madrid, se han visto desbordadas por la llegada de miles de jóvenes provenientes de países de África dispuestos a ganar un jornal en el negocio de la venta de productos falsificados. Otros se colocan a la puerta de hipermercados mendigando unos céntimos durante toda la jornada laboral y muchos se alistan en la mano de obra de recogida de frutas y hortalizas. No olvidemos tampoco el trapicheo como método de subsistencia. Los incidentes en el centro de Madrid acelerados por una engañosa política de los grupos populistas que gobiernan el municipio y el sentimiento de exclusión de los propios inmigrantes, solo son el síntoma de un problema que se está ampliando y enquistado mientras no se atajan sus causas originales. La permisibilidad con este tipo de negocio de la venta de falsificados, situaciones de ilegalidad y concentración en zonas urbanas, ha generado en los propios inmigrantes un enraizamiento social que a su juicio les otorga una serie de derechos que no les son reconocidos institucionalmente. No olvidemos que Mbayé llevaba ¡12 años¡ en España sin papeles, sin regularizar, desde que llegó en patera. Así que el 'sindicato de manteros y lateros' (que existe) han exigido al Gobierno que derogue la ley de extranjería y depure responsabilidades a los agentes de la policía municipal.

La Asociación de inmigrantes senegaleses dice en un comunicado (frente a todas evidencias de lo contrario) que la muerte de su compatriota fue «provocada» por las FSE. Un reciente ensayo sobre el inmediato futuro en Europa dice que en el capitulo de la inmigración «estamos bailando sobre un barril de pólvora». La ecuación es que está bajando la mortalidad en África y no desciende la natalidad que es superior a seis hijos por mujer. Y aunque crece la economía africana, la diferencia con elPIB de la UE es todavía abismal. Seguirán viniendo y el problema no hará más que crecer. O se ayuda a esos países en su economía, su democratización y su control de natalidad o será el desastre para 'Euráfrica'.

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