Siete recuerdos

VOCENTO 15 AÑOS. LA FIRMA INVITADA

Creemos en la utilidad social del periodismo y en la pluralidad de opiniones. Por eso invitamos a escribir en esta columna, que se publicará cada martes en todos los diarios de Vocento, a periodistas y firmas de otros medios

CARMEN RIGALT

Todos los números me caen gordos excepto el siete, que es esbelto y tiene la elegancia de su marquesina. La cabalística lo elevó a la categoría de misterioso y desde entonces se repite en los grandes planteamientos de la vida con una insistencia mosqueante. Piensen en los siete planetas mayores, los siete días de la semana, los siete colores del arco iris, los siete brazos del candelabro, las siete partidas de Alfonso X, los siete pecados capitales, los siete magníficos, etc).

Este año de 2017 está resultando bueno para los periodistas. Su último número (el 7) es la clave del éxito. Lo explico. Los recursos fáciles del periodismo son las efemérides. A un periodista le gusta más una efemérides que a Carmen Posadas un premio literario. Los jefes de redacción de los periódicos tienen calendarios de cabecera con las efemérides del año. Si llegado el momento hubiera escasez de noticias para llenar el periódico (circunstancia harto difícil, pero no imposible) siempre nos quedaría una efemérides. Hay guerras y reinados para aburrir.

El periodismo es presente, y el pasado da sentido al presente. Nada ha marcado tanto la política del siglo XX como la revolución bolchevique, también llamada revolución de octubre, que este año cumple un siglo. Lenin la trajo al mundo y Gorbachov le dio el puntillazo. Gorby, Gorby, voceaban los universitarios europeos vitoreando al hombre que creó la Perestroika y se entregó en brazos de occidente. Desaparecida la URSS, en las antiguas repúblicas se cultiva hoy la modalidad de capitalismo más salvaje.

Elijo siete efemérides para conmemorar el XV aniversario de Vocento. La primera es la ya citada revolución de octubre, y la segunda, los cuarenta años de democracia en España, que han sido precedidos de otras celebraciones igualmente vistosas: la Transición, la proclamación de Juan Carlos I y, a modo de epílogo, la frustrada intentona golpista de Tejero. Superada esta primera meta volante, caminamos triunfalmente hacia las bodas de oro.

No puedo dejar atrás la conmemoración de los cincuenta años del que ha sido considerado mejor libro de la literatura en castellano despues de El Quijote: Cien años de soledad, de Gabriel García Marquez. Mientras escribo, aspiro el olor ya rancio de aquella vieja edición (Edasa, Barcelona, 1969) que me descubrió el placer de la lectura. Nunca ha vuelto a ser igual.

Mis efemérides no estarían completas sin otro hito histórico: la muerte del Che Guevara a manos de un sargento del ejército boliviano. El mes de octubre de 1967, Che Guevara moría en la Higuera, un pequeño pueblo del departamento de Santacruz, y las fotos de su cadáver recorrían el mundo para dar testimonio de la veracidad. Pero el mito ya había nacido. Cincuenta años después, yo me dispongo a honrar su memoria, aunque fastidie.

Los JJOO de 92 supusieron uno de los momentos cumbre de la España finisecular: Samaranch, los voluntarios de Barcelona, el entonces Príncipe llevando la bandera, los chicos del waterpolo, las medallas….

La muerte de Lady Di no aceleró mis pulsaciones, porque estaba muy ocupada pensando en el final del verano. Suele ocurrir. No alcanzamos a procesar la dimensión de las noticias en el momento en que se producen. Con Elvis pasó lo mismo. Hoy, sus imágenes amarillean, pero están rabiosamente vivas en el recuerdo.

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