La sevillana y el forastero

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

LA Feria de Abril luce majestuosa pese a las lluvias que mojaron los farolillos. Pelillos a la mar. Como en aquella deliciosa 'Vanity Fair' de Thackeray, para saber lucir palmito y posibles nada como Sevilla y su feria. Hasta hay carruajes de porte inglés con caballos robustos tirando para la feria con chicos de traje y corbata y chicas engalanadas con sus vestidos con el faralá al bies. Y en el pescante del landó, mozos al más puro estilo 'british'. ¡Ah, no! Gran error, no son carruajes, que son coches de caballos. Tampoco se dice vestida de faralaes, aunque te envuelvas toda en volantes, sino de gitana.

Sevilla para todo tiene sus códigos. Hay que conocerlos para no sentirse extranjero, ajeno al color especial que tiene Sevilla, qué maravilla. Y cuánto forastero hay estos días. De lo que más presume el alcalde Espadas es precisamente del lleno total de hoteles y, por si fuera poco, del anclaje en su puerto de cruceristas que cruzan a la feria en un pis pas. El paisaje humano es de lo más variopinto, desde excursionistas con sus móviles y palos selfies en pantalón corto y mochila de capitán América hasta pandillas de amigas recién bajadas del AVE vestidas de flamenca (creo que esto también se puede decir, igual no, soy forastera).

La diversidad humana incluye famosos. La Feria ha recuperado a la saga de la casa de Alba, que están como en casa, o mejor en palacio, ahora también museo. La fallecida Cayetana de Alba no se perdía una feria y en la memoria de los nostálgicos sevillanos aún están los anfitriones de postín internacional que alojó en Las Dueñas, desde Jackie Kennedy, recién viuda, hasta Grace Kelly.

Eso ya es historia. La Feria tiene otros huéspedes. Siempre fue foco de atracción para los políticos. Todos han debido pasear por sus calles de albero. En esta feria ya están anunciados Pedro Sánchez y Albert Rivera. Rajoy ya sabemos que se apuntó a la preferia y corrió por el Alamillo y por la orilla del Guadalquivir con Cifuente pisándole los cata... (esto es una metáfora sevillana).

En esa orilla se disputaron hace un año Susana Díaz y Pedro Sánchez el liderazgo del PSOE. A la misma hora y el mismo día de mayo, en la post feria, coincidieron en esta ciudad de vanidades bajo un sol injusto: Susana, en el muelle de la Sal, Pedro, al lado del puente de Triana. Un año antes, en 2016, compartieron un rebujito y un plato de jamón en una caseta. Ella iba vestida de gitana y él de forastero. Imposible que hubiera 'feeling'. No lo hubo, como se vio meses después antes del duelo al sol. Hoy la Feria de Sevilla vuelve a citarlos. Y allí estaremos de nuevo, corriendo de una caseta a la otra cual Rajoy para contarles luego cómo se visten y qué se dicen, si se dicen algo, la sevillana y el forastero.

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