La Tribuna

Servicio nacional universal y obligatorio

El tema ha abierto un amplio debate en la sociedad francesa, con repercusiones en otros países de la Unión Europea. Se trata de una decisión presidencial que será ejecutada

FRANCISCO J. CARRILLO ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

El presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, incluyó en su programa electoral el restablecimiento de un servicio militar obligatorio, para hombres y mujeres, de 16 a 21 años, con una duración de un mes. Tras ganar las elecciones e instalado en el Elíseo, creó una comisión ad hoc para que estudiara la modalidades de este servicio nacional, universal y obligatorio. El tema ha abierto un amplio debate en la sociedad francesa, con repercusiones en otros países de la Unión Europea. Si algo queda claro, por el momento, es que se trata de una decisión presidencial que será ejecutada. Parecería paradójico que, desde lo que podríamos considerar extrema izquierda del socialismo, Jean-Luc Melanchon se ha mostrado partidario de este servicio nacional universal y obligatorio, pero cuando los jóvenes finalicen sus estudios universitarios o de formación profesional. Este servicio nacional movilizaría a unos 600.000 jóvenes cada año.

Lo que parecía iba a ser un servicio encuadrado por las Fuerzas Armadas y de Seguridad, es decir, financiado por sus presupuestos y con objetivos de iniciación a una formación militar, parece ahora que no solamente podría extenderse a tres meses o seis meses, sino que el programa tendría un carácter 'cívico' (y una financiación) interministerial, aunque sigan siendo los ejércitos y las fuerzas de seguridad quienes jueguen un papel fundamental en su organización. Incluso el programa podría ir más allá de tres meses si la persona concreta se integra en un servicio cívico regular. Entre los objetivos de este programa nacional figuran, además del no manifiesto de creación de empleo para los jóvenes, el facilitar «el encuentro con el otro» y que pueda constituirse en una «reserva utilizable» para diferentes servicios a la ciudadanía y, en particular, para los ejércitos y fuerzas de seguridad. No se trata de crear -afirman- «cuarteles masivos», sino promover el «encuentro entre la juventud y la nación» y, en parte, con las fuerzas armadas y de seguridad. Hay, pues, una pluralidad de objetivos en este servicio universal obligatorio con uno primordial de formación ciudadana que complementaría los programas de educación y moral cívica del sistema escolar francés.

Si finalmente predomina la opción 'interministerial', pero utilizando las infraestructuras militares, los comentarios no muy favorables de algunos altos mandos del ejército podrían cambiarse a signo positivo. Aunque el presidente Macron -jefe de las Fuerzas Armadas- lo llevará a cabo, sin la menor duda, con las modalidades que estime más convenientes y una vez conocido el informe del grupo ad hoc que se ha creado a este respecto.

Con la apertura a un 'programa interministerial', la principal crítica de algunos altos mandos militares dejaría de serlo (aunque esas críticas no impedirían la acción del Gobierno). La principal de ellas se basa en la profesionalización de los ejércitos y la gran especialización (sobre todo, en nuevas tecnologías) de mando y tropa. Otra, que no se precisa una 'reserva' no profesional en los momentos actuales. La tercera, y no menos importante, es de naturaleza presupuestaria habida cuenta de los débiles presupuestos militares para hacer frente a costosas inversiones, al mantenimiento del material y a las numerosas misiones de paz o intervenciones bilaterales a las que han de responder las fuerzas armadas y de seguridad de Francia.

Recientemente, aunque este programa no está previsto para España, el general de Ejército, Fernando Alejandre, jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEME), se pronunció en la línea de altos mandos militares franceses: la actual profesionalización de las FAS así como los problemas presupuestarios que crearía un servicio nacional universal y obligatorio en España. Estando de acuerdo con la posición del JEME, podría afirmarse, por otra parte, que el sistema escolar en España no llega a cubrir eficazmente la formación y la educación cívica necesaria, amén de otros requerimientos en materia de humanidades, en particular las referidas a nuestro país. Quizá se podría ir reflexionando en un programa 'interministerial', inspirado en el francés, para España, sin perder de vista la consiguiente generación de empleo juvenil que dicho programa conllevaría, siempre que sea bien diseñado.

Pienso que en la propuesta del presidente Macron subyace un objetivo de primer orden: la cohesión nacional, no sólo entre las grandes ciudades y las zonas rurales, sino también en las mismas grandes ciudades con sus periferias urbanas. Un hecho evidente está transformando a nuestras sociedades europeas: por una parte, el cambio generacional que ya está al mando de nuestros países y de nuestros sistemas productivos, con índices de natalidad muy bajos si no negativos; por otra, la necesidad de mano de obra inmigrante para que funcionen esos sistemas productivos (incluyendo las ciudades como creadoras de bienes y servicios, sin olvidar los de la limpieza). Por eso hay inmigración, que incrementa los refugiados. No es de sorprender que en Francia, en el debate democrático sobre la propuesta de Macron, algunos políticos han hablado del «progresivo mestizaje» social.

Se puede concluir que la propuesta del presidente Macron tiene un fuerte calado político en previsión del tipo de sociedad que queremos para el futuro que se inició. Esa propuesta, como he intentado apuntar, va más allá de un estricto servicio militar. Apunta a la cohesión social en un futuro que es incierto en plena globalización y recortes de soberanía nacional. Es una propuesta que podría plantearse para toda la Unión Europea, con un potente programa de educación cívica comparada.

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