Serios y formales

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Dice Felipe González que los expresidentes son como jarrones chinos en apartamentos pequeños; se supone que son valiosos, pero están todo el rato estorbando. Con los exalcaldes ocurre algo parecido, aunque por lo general sin cargos en consejos de administración de grandes empresas ni paseos en yate que endulcen una jubilación casi siempre forzosa. Fernández Montes ha vuelto a sacar los pies del tiesto al distinguir entre turismo gay «de baja estopa», patada al diccionario incluida, y homosexuales «serios y formales», sin especificar en qué consiste su concepto, probablemente tenebroso, de alguien serio y formal. En otra ocasión, cuando era alcalde, se congratuló de que «los gays serios y sensatos» no se sumaran a la primera edición del Orgullo LGTBI de Torremolinos, convocada por la asociación Colega con fines benéficos. Poco hemos avanzado desde que Cernuda, que a buen seguro habría declinado formar parte de los gays serios y formales distinguidos por Fernández Montes, escribiera 'Los placeres prohibidos' hace más de ochenta años: «Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, / como nace un deseo sobre torres de espanto».

Son tiempos difíciles para el exalcalde de Torremolinos, que da sus últimos coletazos políticos cuestionado hasta por su propio partido, aunque lo cierto es que siempre ha disfrutado metiéndose en berenjenales, convencido de que libra una batalla necesaria contra la corrección política y la discriminación positiva. Declaraciones como las suyas confirman la necesidad de continuar organizando reivindicaciones como el Orgullo y promoviendo la diversidad entre cualquier recoveco público y privado, cabalgatas de Reyes incluidas. Aún queda mucha caspa que sacudirnos de los hombros para terminar de dinamitar las torres de espanto bajo las que millones de niños en todo el mundo siguen yendo a clase temerosos de ser señalados por sus compañeros serios y formales. Si no quiere verse devorado por los nuevos partidos, entre otras medidas regeneradoras, el PP debería tumbar de forma urgente cualquier atisbo de homofobia, sobre todo ahora que la dirección nacional del partido se empeña en subirse al carro, o la carroza, de la libertad sexual tras el vergonzoso y fallido recurso judicial que interpuso ante el Tribunal Constitucional contra el matrimonio gay. Lo que muchos interpretan como un fogonazo de hipersensibilidad social supone en realidad un aviso a navegantes: quedarse estancado en el siglo XX tiene un precio.

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