La Tribuna

Sequía en España. ¡No escarmentamos!

De qué sirve que ahora se estén tomando medidas de emergencia en ciudades y pueblos que están sufriendo de primera mano la sequía cuando este problema ya se estaba fraguando desde hacía meses

IRENE ALONSO PELEGRINACOORDINADORA Y PROFESORA ON-LINE DEL MÁSTER EN GESTIÓN AMBIENTAL DE EUDE BUSINESS SCHOOL

La historia de la mayor parte del territorio de la Península Ibérica está enmarcada en un clima mediterráneo, caracterizado por inviernos templados y lluviosos y veranos secos y calurosos, con otoños y primaveras variables, tanto en temperaturas como en precipitaciones. Este clima se acentúa más según nos acercamos a la costa oriental y suroriental. Por lo tanto, todas las civilizaciones que han escrito esta historia aprendieron a gestionar un recurso natural tan vital y, a su vez, tan variable en abundancia como es el agua, pues su supervivencia dependía de ello.

Actualmente, España es un país pionero en innovación y desarrollo en la gestión y planificación del agua, ya que ha sabido adaptarse a la escasez de este recurso natural a lo largo de su historia. Concretamente, dentro del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, donde encontramos varios organismos públicos relacionados con la gestión del agua, el estado de los recursos hídricos, del dominio público hidráulico, planificación y gestión hidrológica, etc., existe un organismo llamado Observatorio Nacional de la Sequía (ONS), el cual pretende aglutinar a todas las administraciones hidráulicas españolas con competencias en materia de aguas, con el fin de constituir un centro de conocimiento, anticipación, mitigación y seguimiento de los efectos de la sequía en el territorio nacional. Las principales herramientas con las que cuenta la Administración General del Estado para la planificación y gestión de sequías son: planes especiales de sequía de los organismos de cuenca, sistemas de indicadores de estado hidrológico y planes de emergencias para los abastecimientos urbanos mayores de 20.000 habitantes.

Por lo tanto, puede parecer que España está preparada para afrontar periodos de sequía hidrológica, pues es algo que forma parte de nuestra idiosincrasia. Lamentablemente, hay factores que no podemos controlar, como es la falta de lluvias tan prolongada que hemos sufrido desde hace varios meses. Nuestra 'habitual' sequía hidrológica es también una sequía meteorológica, lo que agrava las consecuencias no solo ambientales sino también económicas y sociales de este fenómeno. Embalses bajo mínimos históricos, ríos secos, campos áridos que no producen ni la mitad de lo esperado, y una contaminación atmosférica atroz en las grandes ciudades. Sí, es la peor sequía en décadas, así lo afirman los expertos, y el 2017 será el año más seco desde 1965. Pero el factor meteorológico no lo podemos controlar, ya conocemos nuestro clima y por mucho que seamos capaces de predecirlo, no podemos hacer que llueva más y mejor, o por lo menos de forma más repartida y no tan torrencialmente. Por eso tenemos que centrar nuestros esfuerzos en lo que sí podemos controlar: en el consumo responsable del agua. Aunque parezca poco creíble, aún hay en España más de medio millón de pozos ilegales que extraen agua de los acuíferos para la agricultura, datos reconocidos por el Estado. Si se agotan los embalses, podremos abastecernos de los acuíferos en situaciones verdaderamente excepcionales, pero si nos quedamos sin nuestros acuíferos, estamos perdidos.

El sector económico que más agua necesita (un 65% del total del agua utilizada para abastecimiento en general) es la agricultura y la ganadería. Si no propiciáramos los cultivos de regadío, cuando el clima mediterráneo se caracteriza, por lo contrario, por un cultivo de secano, quizá el consumo del agua fuera más sostenible. La industria gasta un 15%, el cual con medidas de control del gasto, evitando derrochar y aprovechando al máximo el agua reciclada, seguramente se pueda reducir. Pero hay que querer, hay que proponérselo. Y como suele ser común con los problemas ambientales, hasta que no vemos las orejas al lobo, no actuamos. De qué sirve que ahora se estén tomando medidas de emergencia en ciudades y pueblos que están sufriendo de primera mano la sequía cuando este problema ya se estaba fraguando desde hacía meses; de qué sirve que en la ciudad de Vigo su ayuntamiento decretara a partir del mes de octubre como medidas la supresión de riegos y baldeos de calles, o la revisión del sistema de saneamiento por si había fugas, incluso se planteara un trasvase desde un río a otro para abastecer el consumo mínimo de la ciudad, abastecimiento que no tiene asegurado cuando finalice este año. ¿No se supone que somos un país pionero en planificación de la gestión del agua, en gestión de la sequía y de los recursos hídricos? ¿No se puede planificar una correcta prevención de fugas con un buen mantenimiento de los sistemas de abastecimiento? Antes de dejar a la población sin agua por restricciones en su consumo, ¿no se puede prever un uso sostenible del agua en periodos de verano? ¿No se puede prever un aumento del consumo equivalente por habitante en periodos de temporada alta en zonas de afluencia turística?

Añadido a todo lo anterior, nos encontramos con que el agua es barata en España. Por lo tanto, si se derrocha, no pasa nada, porque para lo que cuesta... Hasta que no veamos el agua que consumimos como un bien caro, y no barato, por lo que supone su carencia, no actuaremos en consecuencia.

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