El sepelio de la Transición

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

España tiene cuarenta años, quince siglos y dos días. La piel de toro, nuestra bendita tierra, de la que «reciben luz el Oriente y el Occidente», como escribía Isidoro de Sevilla en el siglo VI, no quiere que se olviden sus últimas cuatro décadas de existencia. En el día quince, del mes sexto del año 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas en nuestro país tras las cuatro décadas en blanco y negro de la dictadura de los vencedores de la Guerra Civil.

La Transición española ha sido el mejor regalo de la política a España. Con sus limitaciones y sus debates siempre abiertos, construyó la sociedad que demandaba una ciudadanía joven y madura a la vez. El pueblo que estaba harto de órdenes y sediento del imperio de la ley, quiso que la concordia presidiera su recién estrenada democracia. De la ley a la ley, se fue tejiendo un nuevo país que quería respetar la decisión de los ciudadanos expresada en las urnas de una forma pacífica, entendiendo que dentro del nuevo régimen de libertades todos cabíamos. Se apostó por el ejercicio del poder desde el respeto a las minorías y a la discrepancia, sin pretender nunca anular al diferente. La generosidad presidió en muchas ocasiones el deseo de acuerdo y el pacto por el bien de todos. Ese legado, de paz, libertad y respeto, como valores inquebrantables y necesarios para el desarrollo de la democracia, se encuentra en gran parte huérfano en nuestros días de noches de calor e insomnio.

No es una coincidencia fortuita, que en esta semana se hayan tenido que confrontar dos ideas diferentes de España en el parlamento de la Carrera de San Jerónimo. El debate al que hemos asistido cuando el pasado trece y martes, Podemos defendía su moción de censura al gobierno de Rajoy, era de mucho más calado del que se le otorgaba de inicio. La formación morada desde la tribuna, con el gesto fruncido y el discurso bronco, no quería hacer una enmienda a la totalidad al gobierno popular y su listado de casos de corrupción. Pretendió ensombrecer el aniversario de una Transición y sus evidentes frutos, queriendo enterrar la concordia, recuperando el discurso de la España del 34, en el que el vencedor no es el que gana en las urnas, sino el que puede llegar a someter a su adversario. La España fruto de la concordia de los años setenta, que rebasa los contornos del parlamento, no tuvo la defensa en la cámara que merecía, aunque sin duda siga teniendo presente y futuro.

El sepelio de la Transición es el relato que quieren escribir los que desde su alma totalitaria no entienden que el ejercicio del poder nunca tuvo que convertirse en el único fin de la democracia.

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