La otra semana

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Aunque a sus señorías del Congreso de los Diputados les parezca inverosímil, este país ha seguido funcionando mientras ellos andaban a sus cosas con la moción de censura, con sus chascarrillos y ocurrencias, jaleados eso sí por los tertulianos y medios madrileños. Quizás pensaban que medio país estaba frente al televisor como si de un España-Holanda se tratara y el otro medio con la oreja pegada al transistor pendiente de las réplicas y contrarréplicas de Pablo Iglesias, Mariano Rajoy, Irene Montero o Albert Rivera como si del gol de Iniesta se tratara.

Pues va a ser que no. Mientras ellos alzan la voz, la paciencia ciudadana va agotando sus baterías, cansada no sólo de la corrupción, sino del desapego y el abismo que separa a los políticos –viejos y nuevos– de la realidad social. Hablan de lo suyo; y lo suyo poco tiene que ver con las preocupaciones familiares. Eso con tan poco glamour como llegar a fin de mes, renovar el contrato y superar el miedo de la enfermedad mientras se está en la lista de espera. Esta semana que termina los padres han estado inquietos, sobre todo, por la selectividad de sus hijos; otros haciendo artes malabares pensando con quién dejar a sus hijos por las mañana hasta que lleguen las vacaciones; recurriendo a la prestidigitación para pagar el campamento de verano, el curso de inglés, las vacaciones y el primer recibo del IBI; esperando la devolución de ese piquillo de la declaración de la renta que tocó a devolver; rezando para que el hijo alcance la note media que le permita entrar en Fisioterapia o Medicina, o resignados a esa nueva moda de las graduaciones ‘made in USA’ . Y mientras tanto, indignados con los detalles de la carrera delictiva del ‘violador del ascensor’, por el caos de los trenes de cercanía de la Costa del Sol por culpa de Renfe o por las interminables obras del Metro. Y todo ello, sobrellevando una repentina ola de calor convertida en notición de dimensiones intergalácticas porque en Madrid no están acostumbrados a este calor en estas fechas. Y así todo.

Si sus señorías bajaran a la calle y hablaran de verdad con lo que ellos llaman ‘la gente’, se darían cuenta de que lo prioritario y urgente es trabajar por las familias, por los autónomos y por las pequeñas y medianas empresas. ¿Y eso cómo se hace? Consiguiendo que las administraciones públicas dejen de ser un obstáculo para todo y se transformen para facilitar la actividad económica y la generación de empleos y pequeños negocios, con la misión de adaptar la educación, el mercado de trabajo y los servicios públicos a los retos de la nueva economía, en la que faltan personas inteligentes y comprometidas y sobran charlatanes.

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