Vienen curvas

Seducción, acoso y feminismo

ANA BARREALES

Me sorprende que ante el movimiento global surgido a raíz del caso Weinstein, que en España ha coincidido con el juicio a La Manada, y otras denuncias de acoso sexual en Hollywood, la reacción de algunos haya sido de preocupación para ver si eso del #MeToo se va a salir de madre y se va a convertir en una plaga, en lugar de preocuparse porque en el mundo en que vivimos ocurran esas cosas aunque no siempre se denuncien.

Un centenar de artistas e intelectuales francesas publicó un manifiesto de respuesta al #MeToo en el dicen que «el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería una agresión machista». Pues claro que no, queridas, el coqueteo insistente no es un crimen, es obra de un plasta que cree que poniéndose pesado tiene más posibilidades. Cuando el que te hace las proposiciones físicas o verbales, ignorando tus negativas, es un superior aprovechando su posición eso ya es otra cosa.

Y sí, intelectuales francesas, «se puede dirigir un equipo profesional y disfrutar siendo objeto sexual de un hombre sin ser cómplice del patriarcado», pero siempre que tú lo decidas. Confundir la seducción con el acoso es como confundir que te den trabajo con que te esclavicen.

Hay a quien le sorprende que ese tipo de hechos se denuncie años después. Una actriz poco conocida e incluso una actriz famosa y respetada que hubiera denunciado en solitario hace una década hubiese tenido escasísimas probabilidades de ser creída ante un todopoderoso productor y muchas papeletas para que esa denuncia marcara su carrera profesional. Así que la mayoría, si no han sufrido una violación o unos abusos terribles, callan ante esa situación, se comen la humillación e intentan seguir con su vida evitando la ocasión. A veces sintiéndose culpables por callar. Afortunadamente ya no se meten esas cosas bajo la alfombra y la reacción, como ocurrió en el caso de Teresa Rodríguez y el empresario que simuló besarla, es denunciarlo cuando ocurre.

Y sí, un proyecto de ley como el de Suecia para que las relaciones sexuales se tengan después de un consentimiento explícitamente notificado suena muy ridículo. Y es fácil que en una ola de este tipo se cuelen otras cosas, incluso alguna denuncia falsa, pero eso no la desvirtúa en absoluto. Defiendo la democracia, no lo que dicen todos los demócratas; defiendo el feminismo, no lo que dicen todas las feministas, y defiendo la libertad de expresión, a pesar de que a veces se use para decir gilipolleces.

No hace falta ser un lince para distinguir lo que es acoso de lo que es seducción lícita. Y si alguien tiene dudas propongo un juego sencillo: imagínate que eso se lo están haciendo a tu hija, a tu mujer o a tu hermana. Si después de ese ejercicio sigues pensando lo mismo es que estabas en lo cierto. Así de fácil.

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