Mirando al mar

El secuestro más mediático

JOSÉ MANUEL BERMUDO

HOY se cumplen treinta años del secuestro de la pequeña Melodie Nakachián en una urbanización de Estepona, cerca de la casa donde vivía con sus padres, un hecho que tuvo una enorme repercusión en los medios de comunicación de todo el mundo. Fue el nueve de noviembre de 1987, a las nueve y veinticinco de la mañana, cuando varios vehículos interceptaron el coche en el que viajaba Melodie, que iba acompañada de su hermanastro de treinta años, Raymond, cuando era trasladada, como cada día, al colegio Aloha. Los secuestradores tardaron dos minutos en pasar a la niña de cuatro años de un vehículo a otro y abandonar con rapidez el lugar, en una operación fulminante que estaba perfectamente planificada.

A las pocas horas se propagó la noticia y creció en importancia conforme iban llegando detalles de la personalidad de los padres, una princesa coreana cantante de ópera rock, Kimera, y un empresario de origen libanés de fortachona presencia, Raymond Nakachian, que desde el primer momento clamaron públicamente por la liberación de su hija.

El secuestro, como es sabido, tuvo final feliz, para todos menos para los secuestradores, pero los diez días que duró el cautiverio de la pequeña resultaron de una gran intensidad mediática, a veces con informaciones que iban más allá de los datos objetivos, porque hubo más de uno que disparó la imaginación en torno a lo ocurrido, y entonces no había internet y ni siquiera se habían puesto en marcha las televisiones privadas. También se multiplicaron las versiones biográficas de Raymond Nakachian, teniendo en cuenta que había desarrollado negocios en varios países. Especialmente interesados estuvieron los periódicos ingleses, algunos de los cuales aprovecharon la ocasión para demostrar sobradamente su vocación sensacionalista. En todo caso, determinados paisajes de su vida nunca quedaron lo suficientemente claros, lo que propició que se dispararan los rumores sobre las intenciones de los secuestradores, de los que no eran pocos los que creían que actuaban por algún tipo de venganza o ajuste de cuentas.

Lo cierto es que todo tuvo un origen más sencillo: Melodie era compañera de colegio de Melanie, hija de quien después fue considerada cerebro del secuestro (al menos por Raymond Nakachian) y que se hacía llamar en unas ocasiones Enmanuel Santoul y en otras Nadine Ettiene, esposa de uno de los detenidos después por el secuestro. Ella disimuló su implicación ofreciéndose incluso a realizar una colecta para recaudar el dinero del rescate. Después huyó y no fue detenida hasta el mes de agosto de 1989.

Esta mujer había visitado en algunas ocasiones la mansión de los Nakachian y comprobó el lujo en el que se movían. Quizás por eso los secuestradores solicitaron primero mil millones de pesetas para la liberación y después lo aumentaron en quinientos más y en dólares. Con el paso de los días fueron rebajando progresivamente la cantidad hasta llegar finalmente a dos millones de dólares «o en la moneda que sea», decía nervioso el portavoz «Oscar», según se pudo comprobar después en una grabación facilitada por la policía.

Tras su rescate, Melodie fue apartada de los focos, medida acertada que le ha permitido llevar una vida lejos de cotilleos y de la utilización de su imagen. Sus padres se convirtieron durante un tiempo en personajes habituales en los círculos de la «jet-set», pero su vida ostentosa fue decayendo con la merma de la economía del cabeza de familia, hasta el punto de hipotecar su casa en busca de fondos y después perderla por no poder atender las deudas. Finalmente, Raymond falleció el 17 de junio de 2014, sin gran repercusión.

Treinta años después recordamos también la preocupación del sector turístico por las consecuencias negativas de aquel suceso, que como se ha podido comprobar fue ninguna. Lo más lamentable fue el sufrimiento de una niña que no sabemos si habrá comprendido aún por qué le hicieron aquello.

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