Sanidad privada

La rotonda

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

En la sanidad privada de Málaga no es oro todo lo que reluce. Las sombras a veces se imponen a las luces. El panorama de los hospitales privados y de los seguros médicos en la teoría es estupendo. Prometen rapidez en la asistencia, atención personalizada ofrecida por los mejores profesionales, instalaciones cómodas en las que se garantiza la intimidad, acceso a un sinfín de pruebas diagnósticas, habitaciones individuales y un trato exquisito. En la realidad las cosas no son siempre así. Las deficiencias de la sanidad pública, que se han hecho más patentes por culpa de la crisis y de los recortes, han abonado al campo a las empresas sanitarias privadas, que han encontrado una veta que explotar y de la que extraer un rendimiento con el que engordar su cuenta de resultados. Nada que objetar a que las compañías que invierten su dinero no solo lo recuperen, sino que, además, lo incrementen. El problema viene cuando, en aras de sacar el máximo provecho, la atención que reciben los pacientes no es adecuada. Pondré algunos ejemplos de situaciones que sacan los colores a la privada: hospitales con un solo médico de guardia en las urgencias entre las diez de la noche y las ocho de la mañana, lo que favorece groseros errores de diagnóstico, porque el facultativo que atiende a los enfermos se ve desbordado para hacer su trabajo con un mínimo de seguridad; demoras de cuatro o cinco horas para ser visto en urgencias por la falta de personal médico y de enfermería; ausencia de habitaciones libres para ingresar a pacientes que han sido operados o que necesitan ser hospitalizados por la reagudización de una dolencia crónica; citas con un especialista en su consulta particular para las que hay que aguardar cerca de tres meses; plantas de hospitalización al cargo de una sola enfermera, etcétera.

A esos aspectos a mejorar se une que las compañías con las que se tienen contratadas las pólizas aplican el llamado tique moderador y obligan a pagar a sus clientes un recargo en determinados servicios que el asegurado creía que estaban incluidos. Aquí el que no corre, vuela. Ya se sabe que nadie ata los perros con longanizas. Es cierto que la sanidad privada cuenta con ventajas que hacen atractivo recurrir a ella, pero también hay que ser críticos cuando baja el listón y hace aguas por un criterio mercantilista. Lo mismo que se denuncian las carencias del SAS es justo sacar a la luz los puntos flacos de la privada. Tanto en un apartado como en el otro hay que destacar lo bueno y rechazar lo malo. Los pacientes se merecen siempre una atención esmerada, independientemente de quién la dé.

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