La sanidad de todos

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Cada uno arrima el ascua a su sardina y cuenta la feria como más le conviene. Hay gente que ve la botella medio llena y otra que la aprecia medio vacía sin haber echado un trago. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, considera que la sanidad pública andaluza recibe «ataques brutales y nada inocentes». Así de contundente se mostró en una jornada con directivos del sistema sanitario público. A juicio de Díaz, detrás de esa campaña de desprestigio hay gente que mece la cuna para beneficiar a la sanidad privada y que esta obtenga pingües ingresos. El sector sanitario privado busca siempre obtener la mayor rentabilidad posible. Eso es lo normal en cualquier empresa del mundo. Nadie monta un negocio con el deseo de perder dinero. Al menos nadie en su sano juicio. Las carencias de la sanidad pública andaluza, agravadas por los años de crisis y recortes, han favorecido a la privada, a la que se le ha abierto un camino espléndido para mejorar su cuenta de resultados. Eso lo sabe cualquiera que posea un mínimo conocimiento del paño de la salud. No obstante, de la sanidad privada opinaré la próxima semana.

Susana Díaz tiene la obligación de defender el sistema sanitario público. Y como mejor lo hará y callará muchas bocas críticas es dotando a hospitales y centros de atención primaria de más recursos humanos y tecnológicos. La mejor defensa es un buen ataque. En este caso, el ataque debería expresarse a través de un incremento de las plantillas de profesionales y poniendo fin a una etapa oscura que ha dejado muy tocada a la sanidad pública, que es la de todos y la que está ahí cuando se la necesita, la que funciona gracias al esfuerzo de los profesionales que hacen bien su trabajo incluso cuando son mandados por malos gestores. Es justo reconocer que el SAS dispondrá en 2018 de casi 10.000 millones de euros, el mayor presupuesto de su historia (500 millones más que en 2017). Esa es la senda que Susana Díaz debe recorrer. Si lo hace, la sanidad pública se rearmará y se reducirán las listas de espera, se agilizará la asistencia, los pacientes sufrirán menos demoras, los trabajadores podrán llevar su labor a cabo en condiciones más adecuadas y todos ganaremos en calidad. Los políticos deben encajar las críticas con más templanza. Ya se sabe que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. La presidenta de la Junta tendría que escuchar más a los profesionales de a pie (desde médicos a celadores pasando por enfermeros) y algo menos a ciertos directivos que le bailan el agua, pero que no resuelven los problemas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos