El saludo que sea

ROSA BELMONTE

A mí me daría corte tener que pintarme las manos de blanco para participar en un homenaje a Miguel Ángel Blanco. Pero también me da vergüenza el momento de dar la paz en misa, así que no soy de fiar. Ayer abuchearon a Carmena dos veces, en la madrileña plaza de la Villa y en Cibeles durante los homenajes al concejal asesinado. En el primer lugar participó en lo de pintarse las manos, dejar la huella y extenderlas. Pero le faltó desplegar el cartel de Blanco en la fachada del ayuntamiento. En su diario del 25 de julio de 1936, el diplomático Morla Lynch escribe que llevaron a dos fascistas en el coche. «Los dos hombres se apean frente a un café donde son recibidos por varios amigos... todos con los puños en alto y nosotros también. ¡Qué más da! Encuentro idiota esa gente que se hace notar por negarse a hacer el saludo que sea!». ¿Por qué las manos blancas sí y el cartel no? Son igual de simbólicos. Gente que se hace notar por minucias.

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