El salón de los espetos

Hay gente que opina que cogerse las vacaciones en agosto es una vulgaridad

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El trauma emocional que ha provocado la decisión de no tomar vacaciones de Cifuentes en este turístico país ha traído reacciones de libro, amplificadas por la sed de titulares de los meses propios del verano y de una actividad política a medio gas. Es curioso la manera en la que una decisión personal, fruto quizás de la ausencia de vida social o ganas de disfrute, ha provocado en cierto sector de la izquierda la demonización del gesto. Cifuentes ha abierto un melón que estaba enterrado en la orilla y ahora la tachan de frívola y de poco solidaria. Se habla del lanzamiento de un mensaje peligroso, de un atentado contra los derechos de los trabajadores. Los sindicalistas tampoco tendrían mucho más que hacer y han señalado que las vacaciones son obligatorias, algo que por lo visto avala nuestra querida Constitución y nuestro estimable Estatuto de los Trabajadores. En este vibrante paraíso de la envidia irse o no de vacaciones es como la caridad o como la riqueza: cuestiones de las que no conviene alardear demasiado.

La clase política y la realeza han sido siempre ejemplares a la hora de cogerse un mes completo de asueto en agosto, que es el mes vacacional por excelencia aunque hay que recordar que también es el mes en el que más baja el paro. En Málaga se trabaja mucho en verano aunque parezca lo contrario, y esto sucede porque aquí, igual que en tantas zonas de nuestro bendito país, hemos ganado muchísimo dinero con las vacaciones de los demás. Esta nueva España no anda nunca contenta; un día se critica que los políticos no acudan a apretar botones en el Congreso, o que aprieten los botones que no corresponden, y una buena mañana se le echa en cara a una política su faceta de 'workaholic', término anglosajón que la RAE transforma en la voz chilena 'trabajólico', palabra que a su vez me parece ahora tan fea como la peor de las adicciones.

Ojo con el mono, ojo también con desconectar demasiado: todos hemos leído alguno de esos descorazonadores informes que hablan de lo dañino de la 'rentrée', la depresión postvacacional. Ignorando estas alarmas, en esta columna hemos pasado de la teoría de que es mejor para la salud mental trufar el año con pequeñas escapadas a destinos más o menos vacacionales a la práctica, no exenta de riesgo, de programar un viaje largo en el mes de agosto. Vamos a contradecir a personas con espíritu de pijo o de socorrista que opinan que irse de vacaciones en agosto es una vulgaridad. Saludemos de paso a los que prefieren trabajar ese mes porque, no nos engañemos, se trabaja menos, ya que algunas actividades laborales quedan en 'stand by' por culpa del proceso vacacional de tus propios compañeros. Así llegamos a la conclusión de que lo mejor que puede hacerse en este y en otros casos es seguir la corriente. Hacer como que estamos de vacaciones, pero trabajando por dentro.

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