¿Lo sabrías tú?

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Las encuestas nos muestran de manera consistente que en torno a una cuarta parte de la población catalana no se siente en absoluto española, y casi otra cuarta parte se siente más catalana que española. Hay quienes opinan que, en este asunto de las identidades nacionales, lo relevante es el pasaporte, y nos critican a los sociólogos por preguntar por los sentimientos. Y alguna razón tienen. Si llegas a Estados Unidos y le dices a los funcionarios de la aduana que no tienes pasaporte, ni visado, pero que te sientes muy norteamericano, no te dicen: «espere en este cuartito, que le vamos a dar una alegría al presidente Trump», sino que los muy ingratos te devuelven a tu país en el primer vuelo disponible.

Sin embargo, y a pesar de todo, los sentimientos son importantes, fríos patriotas constitucionales habermasianos hay muy pocos. Las mismas personas que consideran irrelevantes los sentimientos nacionales de los catalanes secesionistas, suelen alegrarse mucho de la reciente recuperación de un cierto sentimiento de orgullo nacional español. Toda nación es una construcción artificial, una elaboración de las élites nacionalistas, pero te atrapa por el sentimiento, ese es su inmenso poder y ese es su enorme peligro.

Estos días vamos conociendo encuestas sobre las próximas elecciones en Cataluña, y casi todas dan un empate entre las fuerzas secesionistas y las constitucionalistas. De modo que, después de todo el desgarro social, después de todo el perjuicio económico y reputacional, que nos está produciendo a todos el conflicto en torno a la secesión de Cataluña, nos encontramos con que la sociedad catalana sigue dividida en un empate inalterable.

A poco que examinemos los abundantes datos de que disponemos, hemos de concluir que en Cataluña hay dos comunidades con identidades nacionales diferentes. Durante mucho tiempo fueron un 'sol poble', y quizá vuelvan a serlo, pero ahora ese pueblo ha sido dramáticamente dividido en dos comunidades con proyectos muy distintos para el territorio en el que viven. Es posible que, en una y otra, haya quien espere que los otros desistan, que comprendan que han sido vencidos. Pero ya deberíamos saber que ninguno de los dos bandos va a darse por enterado de una eventual derrota. De hecho todos sabemos que pase lo que pase, esto no se acaba aquí.

En uno de los primeros diálogos de 'Gladiator', la película de Ridley Scott, Quinto, amigo y lugarteniente del general Máximo Décimo Meridio -Russell Crowe-, el héroe de la película, dice de las tribus germánicas a las que se enfrentan: «uno debería saber cuándo es conquistado». A lo que el general responde: «¿lo sabrías tú, Quinto? ¿Y yo?». Reconocer que tampoco él comprendería que habría sido derrotado lo convierte en un héroe trágico, que no siendo algo muy bueno, es siempre mejor que ser un imbécil.

Ninguno aceptaríamos que otros decidieran nuestra identidad, ni con la espada ni con la urna. La cuestión es cuánto tiempo tardaran en comprender, quienes alientan el enfrentamiento, que si no pueden ganar, es precisamente porque no pueden perder.

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