Saber irse

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

En política, como en la vida, hay pocos desatinos tan penosos como la incapacidad de saber retirarse a tiempo. El riesgo de ignorar cuándo poner punto y final a una historia es que puede que la historia te lo ponga a ti. También sucede a menudo en el deporte. Resulta desolador asistir al ocaso de quienes terminan arrastrándose por el campo, cegados por los destellos de logros pasados que no volverán. Ocurre algo parecido al ver una película o leer una novela tras las que prevalece la sensación de que han sobrado veinte minutos de metraje o cincuenta páginas. «Vaya coñazo», pensamos. Un mal final puede deformar hasta la ridiculez cualquier trayectoria, por brillante que haya sido. Estas semanas hay que tener especial cuidado con quienes no saben cuándo toca despedirse, porque un invitado incapaz de medir los tiempos puede aguarte la fiesta, y eso que a todos nos ha tocado ser el último pelma de la noche en alguna que otra ocasión. Aunque ella se refería a su vocación suicida, que acabó materializando a los 36 años, Pizarnik resumió así la patología del destiempo: «Alguna vez / alguna vez tal vez / me iré sin quedarme / me iré como quien se va».

La cuestión no es si Rosa Francia perdonaría a su marido que se presentara a las próximas elecciones municipales; lo que Francisco de la Torre debería preguntarse es si se lo perdonarían los malagueños, cuya estima ya puso en riesgo en 2015, cuando consiguió gobernar por un suspiro. Con su indecisión, el alcalde comienza a generar hartazgo en su partido, y ahora sabemos que también en su propia casa. Ya no le salva ni la retranca con que suele acompañar sus posiciones más ambiguas, que no son pocas. El PP ya tiene experiencia en estas lides, y más después de su reunión del pasado viernes en Torremolinos, donde Pedro Fernández Montes demostró que mantiene intacta la visión trasnochada y belicosa de la política que le valió uno de los mayores batacazos electorales de la provincia hace dos años y medio. Habló de «enemigos» y arremetió contra sus propios concejales y contra Ciudadanos y el PSOE. Al final lo acaba fichando Podemos. Lejos de aceptar la invitación de su partido para marcharse, el exalcalde pretende seguir manejando los hilos desde la sombra con una candidatura a su medida. Su entorno lo llama «corriente renovadora». Bendodo ya le ha cortado las alas. Mucho ha tardado. Siempre se ha dicho que más importante que llegar es mantenerse, pero pocas veces se recuerda lo fundamental que resulta saber irse a tiempo.

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